Descubrir mi mundo interior

Hay tantas dietas diferentes para elegir en la actualidad, que muchas veces cuesta llevar una alimentación alineada con el corazón. Vegetariana, vegana, paleo, GAPS, tipo sanguíneo y cruda son algunas de los más populares. Cada una tiene sus propias pautas que dictan para alguien que empieza en esa dieta, que puede y no puede comer. Ya sea por razones de salud o morales, los defensores de cada dieta a menudo la promueven como “el camino”. Uno de los aspectos más centralizados y mas debatidos de estas dietas es si incluyen el consumo de productos animales. Pero, ¿existe realmente un enfoque dietético único que satisfaga nuestras necesidades complejas, individuales y cambiantes como seres humanos?… No lo creo.

De niño crecí en una pequeña granja. Tuvimos un par de vacas, pollos y muy ocasionalmente cerdos. Todos nuestros animales tenían nombres, eran apreciados y considerados parte de la familia. Sin embargo, a veces nos los comíamos. En la granja de al lado había una pequeña comuna hippy y para los niños que vivían allí, mi familia era conocida como “los comedores de carne”. Como amante de los animales, esto me resultó difícil. Una vez que tuve la edad suficiente para tomar mis propias decisiones alimenticias, me hice vegetariano. Durante años, ni un pedazo de carne cruzó mis labios.

Uno de los aspectos que me resultó más difícil de ser vegetariano, fue la reacción de mis familiares y amigos. Muchos respondieron como si mi elección de no comer carne fuera simplemente una declaración para resaltar y desafiar sus elecciones alimentarias. En aquellos días, no había muchas opciones vegetarianas en los restaurantes y a menudo tenía que pedir una comida individual creada solo para mí. 

En algún momento, leí que Buda les dijo a sus seguidores, monjas y monjes que confiaran en la amabilidad de los demás para la comida. Que nunca volvieran la cara a una ofrenda, incluso si esta contenía carne. Por supuesto, cuando Buda estaba vivo, no había granjas industriales y toda la comida estaba “limpia” en términos de productos químicos, pero esta idea quedo sonando en mi cabeza. Modifiqué mi enfoque para que, si bien, no quería comprar carne por mi propia cuenta, cuando estaría de invitado en la casa de alguien, comería de lo que me ofrecieran.

Luego, después de más de una década de ser vegetariano, me encontré con algunos problemas de salud graves. No digo que el ser vegetariano comprometa la salud, pero, solo cuando re-introduje pequeñas cantidades de carne, caldos de huesos y vegetales fermentados, comencé a ver una mejora en mi bienestar general.

Inicialmente, la decisión de dejar de ser vegetariano fue difícil de hacer. Me di cuenta que parte de mi identidad se construyó alrededor de mi posición e ideologías con la comida, y abandonar esa posición me trajo muchos problemas personales. No quería ser ‘carnívoro’. 

Sin embargo, cuanto más me exploré a mí mismo y a mi relación con la comida, más me di cuenta de que estaba feliz de no tener una etiqueta que dictara lo que consumía. Quería poder comer lo que fuera justo en cada momento. Quería prestar más atención a mi cuerpo, aprender a escuchar sus necesidades y tener flexibilidad para responder a las condiciones internas y externas. También quería considerar el bienestar de lo que estaba comiendo y del planeta que nos sostiene a todos. Fue entonces cuando el concepto inicial de comer ‘alineado con el corazón’ comenzó a aparecer y a cristalizarse en mi mente.

El hecho de que iba a introducir algo de carne en mi dieta no significaba que tuviera que rechazar los valores con los que me sentía cómoda. No apoyaría la desgracia de lo que llamamos granjas industriales. No quiero contribuir al sufrimiento de ninguna forma de vida. Tampoco quiero poner la energía de angustia en mi cuerpo. Cuando examino temas como este, me resulta útil preguntarme cómo me sentiría en el papel del animal. Personalmente, preferiría una vida corta como animal, siempre que tuviera una existencia decente. Por supuesto, esta es una pregunta muy personal y dependiendo de nuestra naturaleza y creencias, tendremos diferentes respuestas.

En lo que yo llamo ‘comer alineado con el corazón’ no hay reglas ni restricciones, excepto que las decisiones dietéticas se basen en el amor. Hay espacio para fluir y cambiar de un momento a otro. Para mí, la mejor opción es la consideración consciente de todos los aspectos incluidos en el acto de consumo: la comida, el planeta, mi cuerpo, las personas con las que estoy, etc… La alimentación alineada con el corazón es muy personal y no implica juzgar las elecciones alimentarias de otras personas.

En una situación grupal, aunque no siempre estoy entusiasmado, generalmente elijo participar en cualquier comida que se comparta. En la mayoría de los casos, esto se siente bien y mi energía general se siente mejor que si rechazara la comida que alguien preparó con todo su amor. Sin embargo, en nuestra propia casa no compramos productos de granja industrial. Nuestra familia compra carne que sabemos que ha sido criada lo más éticamente posible, preferiblemente de los agricultores locales. Obviamente, estas consideraciones hacen que sea una opción más costosa, pero al elegir comer menos carne y rara vez comer fuera, podemos permitirnos hacer este sacrificio. Se trata de prioridades y para nosotros nuestra comida es más prioritaria que los objetos materiales y la conveniencia.

Cuanto más he recorrido este camino, más he aprendido a escuchar las necesidades de mi cuerpo. Esto no ha sido fácil, porque vivir en una sociedad que enseña que los altos niveles de azúcar y los alimentos procesados ​​es algo normal, ha echo que las señales internas y los antojos se hayan distorsionado y el viaje hacia la re-alineación haya sido un desafío. Los diarios de alimentos, las dietas de eliminación a corto plazo y la meditación pueden ser muy útiles para restablecer una conexión con los verdaderos requisitos de nuestros cuerpos. 

Cada uno de nosotros somos criaturas increíblemente únicas, con nuestros propios requisitos nutricionales personales, que pueden cambiar según nuestras circunstancias. Lo que funciona para una persona puede afectar negativamente a otra. La alimentación alineada con el corazón permite a cada persona establecer una rutina dietética individual que proviene de una fuente orientada hacia afuera y no desde una fuente externa.

En un mundo perfecto no habría granjas industriales, pesticidas tóxicos o alimentos procesados ​​de baja calidad. En el pasado, en muchas sociedades tribales, una conciencia que conectaba con el individuo con todos los aspectos del mundo era una existencia innata. Los chamanes de la comunidad estaban en sintonía con el equilibrio natural de la vida y se guiaban por un nivel de respeto hacia todo en su entorno. Eso les llevaba a tener una alimentación alineada con el corazón.

Desafortunadamente, esta es una perspectiva que nosotros, convencidos de nuestra superioridad, hace mucho tiempo ignoramos por conveniencia y eficiencia. Nos consideramos más evolucionados que nuestros antepasados, y nos burlamos de sus creencias animistas. Sin embargo, la ciencia ahora está cerrando un círculo y gradualmente se está volviendo menos absurdo creer que todas las formas de vida tienen una esencia espiritual. Por ejemplo, ahora sabemos que las plantas se comunican y están tan motivadas hacia la autoconservación como cualquier otra forma de vida. (Si bien no pueden escapar, liberan ciertos productos químicos cuando se ven amenazadas).

Finalmente, todo es energía y en este mundo, una forma de vida sobrevive consumiendo a otra. Pero cuando cambiamos a una perspectiva centrada en el corazón, dejamos de operar desde la desconexión y en su lugar adoptamos un enfoque amoroso en nuestra interacción con nosotros mismos y nuestro entorno; uno que refleje y honre nuestra conexión íntima con todo lo que es.