Descubrir mi mundo interior

¿Qué tan grandes somos?

¿Qué tan grandes somos? ¿Qué tan expansivos podemos permitirnos ser? ¿De dónde nos estamos sosteniendo? ¿Qué tanto abarca nuestra visión y qué tan atrás queremos ir con la intención de ampliar nuestra conciencia? ¿Con quiénes y con qué nos estamos identificando en estos momentos?

Estas son preguntas importantes que debemos hacernos porque nuestras respuestas determinan las especies a las que pertenecemos. Si, usted leyó correctamente: ‘las especies”. Es una ilusión pensar que todos los seres humanos son de la misma especie. Sólo porque un cierto grupo en este planeta corre desbocado, comportándose como si su presencia resultara ser la única que tiene consecuencia, no significa que esto sea así ¿ verdad?. No significa: estos somos todos. Es un grave error estar transfigurado por tal espectáculo de arrogancia externa y asumir que todos somos así. Nuestra auténtica identidad se expande más allá de nuestra apariencia, de nuestro comportamiento y nuestras circunstancias de vida actuales.

Por supuesto que “somos uno”, como los dedos de una mano, pero cada dedo es diferente y tiene un propósito único y singular. Sólo porque “el dedo que señala” se convierte en el más activo no significa que toda la mano está hecha de dedos que apuntan. En el mismo contexto, sólo porque una especie de humanos en particular -en este planeta- se comporta como si su agenda fuera la única que tiene importancia, no significa que ésto sea cierto. Nuestro predicamento actual es que toda la mano está evolucionando, y los dedos que no captan este cambio ni participan conscientemente en él, sin importar cuán importante piensan que son, se caerán y se convertirán en una especie extinta.

Tendríamos que ser ciegos, sordos y mudos, y estar viviendo simultáneamente en total negación, para no darnos cuenta que hemos iniciado una experiencia de transformación planetaria irreversible; o tendríamos que estar tan obsesionados en nosotros mismos, tan involucrados y engañados, que hayamos quemado las retinas de nuestra percepción, de nuestra previsión y nuestra introspección.

Aunque todavía es posible para la mayoría de nosotros comportarnos como si nada estuviera cambiando, como si todo estuviera siendo sostenido en su lugar, los crecientes cambios en el mundo natural continúan retando esta postura. El comportamiento del mundo natural no puede ser escondido o controlado. Incluso la transmisión de noticias selectivas y los paquetes de los medios ya no son eficientes porque “el clima está en todas partes”. El clima ahora diariamente refleja una creciente transformación aun cuando continuamos fingiendo que no estamos conscientes de ello. El mundo natural no será un cómplice para apuntalar nuestras pequeñas agendas. No podemos sobornarlo o traficar con él porque es un devoto discípulo en el sendero en el que destruye las ilusiones provenientes de la arrogancia de la humanidad.

Muchos de nosotros hemos esperado pacientemente la llegada de este momento en el tiempo. Hemos vivido quietamente, ocultos durante cientos de años, con nuestro ojo interno fijo sobre el horizonte interior, sabiendo que este amanecer llegaría para volver a despertarnos de la reactividad a la responsabilidad. Hemos observado cómo los animales humanos sin corazón corrían frenéticamente, clamando inteligencia y pretendiendo que el universo podía ser consumido, controlado y violado bajo agendas de producción-en-línea. Ahora ya sabemos: este reino de la inconsciencia pasará al igual que una estación cambia y da paso a la otra.

Nosotros, que calladamente observamos este espectáculo externo, somos de una especie diferente, tenemos forma humana pero no somos inhumanos.

Somos humanos en nuestra forma.

Hemos observado incluso cuando nuestros propios hermanos y hermanas han sido llevados hacia esta auto-decepción, olvidándose totalmente de ellos mismos y uniéndose a la avanzada de esta locura. Ninguno hemos sido inmunes a esta resonancia; cada uno de nosotros, en algún momento de nuestras muchas vidas recientes, se ha deslizado hacia un sueño inconsciente y se ha comportado como si algo real pudiera ganarse al dividir la tierra en parcelas para beneficio propio. Todos hemos tenido nuestros momentos de ser consumidos por la idea hipnótica que sólo estamos aquí “para ganar y tomar”. En algún momento todos hemos resbalado tontamente en la creencia de que Dios puede ser colocado en nuestra nómina de sueldos. Afortunadamente, un grupo de nosotros hemos permanecido despiertos al pasar por estas eras oscuras para mantener encendidos los faros de la conciencia, y no compramos esas ilusiones de grandeza. Ahora, por fin, nos encontramos en la orilla de esta noche oscura, el momento más frío antes del amanecer, cuando la única tibieza que nos puede sostener debe emanar del interior de nuestro propio corazón. Ahora nos estamos acercando al corazón de este asunto.

Nosotros, los que estamos en este planeta, con frecuencia hablamos de extraterrestres; seres que supuestamente provienen de otras galaxias o dimensiones. Miramos “allá fuera” buscando naves, vehículos, respuestas, salvadores y rescatadores. En nuestra desesperada búsqueda hacia el exterior siempre se nos muestra lo que pensamos que estamos buscando, pero nunca lo que en verdad anhelamos: nosotros mismos.

Todos nosotros ya estamos aquí.

Hemos estado aquí por tanto tiempo que la historia humana inhumana no puede contener el punto de nuestro origen. Somos conciencia. Sabemos acerca de las mareas en el tiempo y los ciclos del universo. Trabajamos dentro de las corrientes universales y no en un estado de separación de ellas. El cambio en nuestras estaciones va más allá de los ciclos de tres meses: honramos ciclos de 13,000 años, ciclos de 26,000 años y hasta marcos de tiempo mucho mayores que estos. No estamos unidos por un cuerpo físico que dura menos de 100 años; estamos alineados con la conciencia de la inmortalidad que no tiene inicio ni fin. Hemos visto muchas especies arrogantes llegar y desaparecer. Hemos sido ellas. Como las mareas en el océano, sabemos que todas las experiencias bañan las playas y se retraen, suben y bajan.

Algunas veces las experiencias que bañan las playas de este planeta están oscuras, no tienen corazón, y traen con ellas especies que viven en engaños destructivos, como una infestación de parásitos. Sabemos que no tiene objeto luchar contra el océano cuando esas mareas rojas se levantan y barren a través de esta tierra, sofocando todo y a todos a su paso. Tal experiencia es una expresión de Dios también para nosotros. No tenemos que comprender ‘por qué’ para saber esto. Así que observamos, paciente y calladamente, durante miles de años, de ser necesario. Sabemos que todas las mareas suben a la playa, pero también retroceden. Este es ese tiempo. No hay nada que necesitemos hacer por ahora más que permitir que los eventos externos del mundo inhumano tomen su curso. La marea de la ignorancia y la arrogancia sobre la que fluye está consumiéndose ahora sobre la playa, devorándose a si misma en su propio conflicto auto encendido.

Callada y compasivamente sonreímos a aquellos que buscan “salvar al mundo”. ¿Por qué querría alguien salvar a la arrogancia y a la ignorancia, y cualquier cosa construida sobre los cimientos de tal intento, a menos que uno fuera arrogante e ignorante? Estamos agradecidos de poder permitir que este mundo muera. Estamos agradecidos conforme observamos el caos elevarse para devorar el caos. Estamos agradecidos de dejar que esta frecuencia de insensibilidad inconsciente se neutralice a si misma. Esta era de ausencia del corazón, esta era de control y de anestesia mental ya terminó. Ni siquiera las armas más poderosas pueden representar una defensa contra los inevitables movimientos hacia fuera de estas mareas del tiempo. Lo sabemos. Muchos mundos inhumanos como este han llegado a esta Tierra y se han convertido en polvo que se lleva el viento. Siempre parten y la Tierra permanece. Aquellos que se aferran a estas arrogantes formas sufren la separación de sus piernas y se desangran hasta morir. Tratar de salvar un mundo como este es como tratar de poner una bandita curativa (parches llamados band-aid) sobre una pierna amputada.

No existe ningún bunker lo suficientemente profundo en donde podamos escondernos de la condición de nuestro propio corazón, y no existe ningún lugar sobre la Tierra lo suficientemente remoto que nos permita escapar de las consecuencias de nuestros pensamientos, palabras y obras acumuladas. Así es como la marea baña la playa y se lleva con ella toda la arrogancia, toda la ignorancia; desata todo el impacto no comprometido de “la ley de la consecuencia”.

Aquí no hay “juez” sobre ninguno de nosotros sino las consecuencias de nuestros pensamientos, palabras y obras acumuladas. La única forma de permanecer a flote a medida que las aguas de la transformación cubren al mundo es enfrentarnos a nosotros mismos, honestamente, y tomar completa responsabilidad sobre la calidad de nuestra experiencia. Toda la aflicción, enojo y miedo que hemos sembrado en nuestra experiencia está grabado como un tatuaje en nuestro propio corazón. Solamente al tomar responsabilidad para esta condición energética y teniendo la voluntad de sentirla en toda su extensión seremos sanados por ella, transformados por ella y liberados a través de ella.

Ahora, más que nunca, si no volvemos nuestra atención conscientemente hacia el interior y sentimos la auténtica condición de nuestro propio corazón, inconscientemente manifestamos un reflejo de nuestra aflicción, nuestro enojo y nuestro miedo en el mundo que nos rodea. Si entonces interactuamos hacia el exterior con este reflejo, nuestro estado físico queda destruido por el conflicto que le sigue, de manera creciente, y que nuestras desilusiones nutren. Sin una forma física no podemos anclar nuestra conciencia para facilitar la ascensión hacia la conciencia vibracional. Si perdemos nuestro cuerpo perdemos el barco.

Aquellos que están listos y deseosos de hacer la transición hacia la conciencia vibracional saben que no existe una manera de pasar por encima o alrededor de las cosas; solamente existe una, y es pasar “a través”. Todo lo que hemos resistido, juzgado, menospreciado, malinterpretado, manipulado y visto como menos que divino, menos que Dios, nos va a dar de lleno ahora para confrontarnos. Si continuamos aferrándonos a nuestras ilusiones, estas manifestaciones se nos presentarán como demoníacas y nos sentiremos impulsados, a través de nuestro miedo, a entablar batalla con ellas. Esta es una batalla que no podremos ganar. Las astillas de vidrio que hacen erupción al romper un espejo causan laceraciones fatales. Si, en cambio, elegimos percibir todos los retos que nos llegan como deliberadas oportunidades para liberar nuestras ilusiones y vencer nuestras decepciones, entonces todos los obstáculos se revelan como divinos, como orquestados por ángeles y como portales que nos llevan hacia el azoro de una conciencia de la eternidad.

Nuestra única opción está entre el drama y el Dharma.

Ahora mismo podemos ver este escenario desenvolviéndose en el microcosmos de nuestras vidas personales y el macrocosmos de todo el espectro político y religioso. Los miembros de una familia se miran unos a otros y ven recuerdos danzantes del pasado, y de manera reactiva atacan, no uno al otro, sino a una sombra de su pasado no-integrado. Las religiones ahora se miran unas a las otras y ven recuerdos danzantes de su pasado, y de manera reactiva atacan no unas a las otras sino a una sombra de su pasado no-integrado. Los países ahora se miran unos a los otros y ven recuerdos danzantes del pasado y de manera reactiva no se atacan unos a los otros sino a una sombra de su pasado no-integrado. La reacción siempre nutre más confusión, más desequilibrio y auto destrucción. Todos los que entran en este duelo externo reactivo con una memoria no-integrada, en vez de procesarla internamente de manera consciente, encienden el caos auto destructivo. Empero, todos los que abracen de manera responsable el reflejo externo de una memoria no-integrada, como una lumbrera hacia la conciencia del momento presente, conocen experiencias de una escalada exponencial de dicha, abundancia y salud.

A partir de este punto, la escalada de nuestra experiencia personal, en una o en otra dirección, se acelera. Es decir, entramos a un conflicto que va en aumento o a una total calma.

Toda una especie de humanos inhumanos está a punto de morir, como una plaga que está siendo erradicada, como un dedo inútil que se cae de una mano en evolución. Este procedimiento de desecho, esta extinción deliberada, desafía a todas las fuerzas armadas, a toda la brillantez médica y toda maniobra política. Este momento de transición es más grande que los cimientos sobre los cuales la conciencia-de-la-mortalidad ha construido su imperio. Esta ola de energía transformadora no consulta nuestros planes, nuestras agendas, nuestras cuentas bancarias, nuestras proyecciones y supersticiones religiosas. Dios está llegando y Dios no presta atención a las cosas que creemos.

La luz no discrimina cuando se impone a la oscuridad; trata a la oscuridad como si no fuera visible porque, en el momento de la verdad, cuando vemos la escena completa, no lo es.

Cada ser humano que cree que puede encontrar un lugar seguro al controlar sus circunstancias externas va a recibir un enorme impacto. El clima y las condiciones geográficas sobre la Tierra son las fuerzas de avanzada de esta transformación y están demostrando, cada vez más, la futilidad de cualquier resistencia. La especie inhumana que cree que el dinero, el poder, la identidad religiosa o la posición política pueden cambiar algo y pueden hacer la diferencia, está a punto de quedar horrorizada. La única condición que puede hacer alguna diferencia ahora es la condición del corazón.

Nuestro corazón no miente, sin importar cuanto nos atrincheremos física y mentalmente de nuestra conciencia de él.

No causes miedo, pero sí siente el miedo.

No provoques enojo, pero sí siente el enojo.

No lastimes a otra persona, pero sí siente el dolor.

Ninguna cantidad de gimnasia mental nos rescata de los dientes sobre los cuales giran las ruedas de nuestro universo. Esta es la Kali Yuga; la era de la consecuencia. Este pasaje a la experiencia es una invitación, una oportunidad para todos los que se conocen a sí mismos como auténticos guardianes de la conciencia-de-la-inmortalidad para que den un paso al frente y de manera silenciosa, callada y comprometida atiendan su trabajo interno. Este es nuestro tiempo. Este tiempo interno es la verdadera invasión de lo que aparece como algo extraterrestre al mundo inhumano arrogante que está muriendo.

Nadie puede detenernos porque nadie puede detener lo que no puede percibir. Hemos observado pacientemente entre bambalinas a medida que este drama se ha desarrollado al punto en el que toda su energía se ha agotado por su mismo intento auto destructivo. Nadie puede siquiera comprender lo que estamos haciendo a menos que acepte participar. Este no es asunto de nadie, sino nuestro. Dentro de nuestro nivel de responsabilidad personal invocamos una auténtica liberación para todos los que creen en algo más auténtico que la frecuencia de “obtener”.

Nosotros no nos preocupamos por el creciente caos externo. Los cambios y sacudidas geográficas, las condiciones climatológicas cambiantes y la ascendente zozobra civil, todo ello nos está apoyando. Abrazamos todo esto con una profunda gratitud. Apreciamos este caos como un devoto barredor aprecia su escoba. No tenemos que “salvar a este mundo”. Resulta absurdo querer salvar un mundo así. Dejémoslo morir. Dejémoslo ser sacrificado en nombre del deseo de erradicar la ignorancia, la arrogancia y el egoísmo. Dejemos que todos aquellos que son impulsados por la avaricia, por el deseo de “obtener” y por el impulso de “acumular por el hecho de acumular” corran hacia los fuegos que sus mismos comportamientos encienden. No hay necesidad de apresurarnos hacia esas flamas para rescatar a nadie.. El fuego de la transformación es nuestro amigo; sus flamas representan la consecuencia de no ser sensibles a la consecuencia.

Esta es la belleza inherente de este momento: no necesitamos “hacer nada”.

Nuestras especies de humanos humanitarios saben que todo lo que necesitamos nos es dado. Es recibido a través de sostener un estado del ser; estar aquí, ahora, consciente, alerta y responsable. No estamos confinados por las limitaciones de algún calendario religioso incoherente. Habrá años por delante de confusión y caos que barrerán el planeta, de un extremo al otro, como si fuera una enorme escoba. Nosotros aplaudimos esto. Parecerá como si todo se hubiera perdido para aquellos que se aferran a aquello que no puede ser conservado. Nosotros no compramos ilusiones de “terminaciones”.

Este planeta siempre resulta vencedor y florece en toda su Gloria una vez que el polvo se asienta. De la misma manera una vez más volveremos a despertar en la conciencia de la inmortalidad y en su resonancia de “ninguna clase de dificultad”. A través de esta resonancia retorna el jardín. La risa surgirá de Nuevo de entre las ruinas de la marea roja. Los niños volverán a nacer en un mundo en el cual son amados por lo que son y no por lo que se espera que sean un día. Los alimentos de nuevo serán nuestra medicina y toda actividad será nuestra dicha. De nuevo todo se revelará como Dios y Dios como un todo. La visión es inevitable ya que también es una marea que fluye adentro y afuera. Ahora es el tiempo de fluir hacia dentro nuevamente.

Este es el momento de mayor reto para todos aquellos que han esperado por largo tiempo a que retorne la marea de la conciencia humana. Ésta ya está subiendo de nuevo y el caos creciente está señalando la protuberancia de sus corrientes. Ahora debemos montar esas corrientes con la certidumbre de nuestras visiones internas. Ahora debemos ser más grandes de lo que nos han hecho creer que somos. Ahora debemos sentir cómo tanto nuestro pasado eterno y nuestro futuro ilimitado se estiran en todas direcciones. Ahora, con gracia, debemos dar un paso interior para no permanecer en el conflicto exterior.

No debemos tomar partido, sino poner atención a nuestro interior.

El único lugar seguro se localiza en la quietud de un corazón equilibrado.

De esta manera, nuestra especie humana humanitaria observa pacientemente; sin ser vista, sin necesitar que la defiendan. Esta es su impactante belleza: la ignorancia se traga a sí misma.

Michael Brown

Versión al español: Marta Sánchez Llambí

Fuente: Universo Espiritual