Silencio — Efectos Positivos

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Silencio — Efectos Positivos

Silencio — Efectos Positivos

Silencio: menos enfermedades, mejor memoria, mejor estado de ánimo y mayor creatividad. La palabra es plata y el silencio es oro. Este viejo refrán es más cierto que nunca tras conocer los resultados de varios estudios científicos sobre el efecto del ruido o su ausencia sobre el cerebro y la salud de los seres humanos.

Silencio

Todos sabemos que estar rodeados de sonidos molestos puede ser una fuente de estrés. Pero no somos tan conscientes de los increíbles beneficios que puede tener el silencio sobre nuestra vida. Los científicos se han afanado en estudiar cómo el estruendo nos hace daño. Gracias a sus investigaciones, sabemos que genera respuestas tan desagradables como ansiedad, taquicardia, falta de sueño y agotamiento. Y en base a estos trabajos, a largo plazo, han ido descubriendo lo positivo de un ambiente tranquilo.

Por ejemplo, la bióloga Imke Kirste, de la Universidad de Duke (Estados Unidos) realizó un experimento en el que buscaba encontrar un sonido que estimulara el crecimiento de las células cerebrales de unos ratones.

En su diseño, eligió la ausencia de sonidos como experiencia control, para comparar los efectos de los demás ruidos. Y lo que descubrió fue sorprendente:

Dos horas de silencio al día estimulaban el crecimiento de las células del hipocampo, zona relacionada con la memoria. Y no solo hacía que nacieran más, sino que ayudaba a que asumieran su rol de una manera más rápida.

Trastornos como la depresión o la demencia están muy relacionados con la falta de nacimiento de nuevas células en el hipocampo. Si los resultados encontrados por Kirste se pudieran trasladar a los humanos, es probable que el silencio pasara a ser una terapia más de este tipo de problemas.

Pero no hace falta hacer ningún experimento para saber que el silencio sana y el ruido hace daño. Ya se sabe que los sonidos fuertes generan una respuesta orgánica que puede ser potencialmente dañina.

Cuando escuchamos un estruendo, las ondas del sonido agitan los huesos del oído, que transmiten ese movimiento a la cóclea, que los convierte en señales eléctricas que luego son interpretadas en el cerebro. El cuerpo reacciona de manera inmediata, aunque estemos profundamente dormidos: es un mecanismo de supervivencia.

Y lo hace aumentando los niveles de cortisol, la hormona relacionada con el estrés. Las personas que viven cerca de un aeropuerto suelen tener unos niveles elevados de esta sensación displacentera, que además está relacionada con gran variedad de trastornos, como la hipertensión, problemas cardiovasculares, diabetes y obesidad.

Pero encontrar el silencio absoluto no es una tarea sencilla. El cerebro siempre está en funcionamiento y genera su propio ruido. Por ejemplo, si estamos escuchando una canción que conocemos bien y la música se para de golpe, en nuestra cabeza podríamos seguir oyéndola sin problemas. Nuestro sistema cognitivo crea una ilusión de sonido. Y lo hace porque el córtex auditivo sigue trabajando.

Un ambiente totalmente silencioso no basta: es necesario tener un cierto autocontrol mediante herramientas como la meditación para llegar a ese estado que además suele ser bastante creativo: una vez estamos completamente tranquilos, las ideas surgen con mayor claridad.

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