Descubrir mi mundo interior

Causas emocionales de los Genitales

Los órganos genitales diferencian a los hombres de las mujeres. Están vinculados al principio masculino y al principio femenino en cada uno de nosotros. También están vinculados a la sede de la energía sexual, gónadas y chakra de base (vinculado al centro de energía al nivel del coxis). Si vivo dificultades en lo que a mi sexualidad se refiere, mis órganos genitales suelen estar afectados.

PRINCIPIO MASCULINO

El principio masculino está representado por el lado derecho del cuerpo y el lado izquierdo del cerebro.

También se llama el lado YANG en medicina China o el lado racional en Occidente.

Las cualidades dominantes son el valor, la potencia, la lógica.

Es el lado racional, autónomo, materialista del ser.

Representa también el aspecto intelectual, el lado activo de mi persona que toma las ideas e intuiciones de mi lado femenino y que las pone en práctica.

Cada ser humano, tanto hombre como mujer, posee un lado masculino (YANG) y un lado femenino (YIN).

Al haber desarrollado mi lado masculino analizando y queriendo “volverme igual como mi padre”, hay muchas probabilidades de que tengamos ambos puntos muy similares en cuanto a las cualidades y las características nombradas en el principio.

Debo recordarme que cuando puedo equilibrar mi lado masculino y mi lado femenino es cuando puedo alcanzar mi plena realización.

PRINCIPIO FEMENINO

Que yo sea hombre o mujer, el cerebro derecho y el lado izquierdo del cuerpo representan el principio femenino

(El yin), sede de la creatividad, dones artísticos, compasión, receptividad, emociones e intuición, y se refiere a mi naturaleza interior.

Se manifiesta también por la ternura, la sensibilidad, la dulzura, la armonía, la belleza, la pureza.

Me vincula a mi naturaleza femenina y a la de los demás.

Las principales dificultades sentidas se vinculan a la expresión de los sentimientos.

¿Me siento bien cuando animo a alguien?

¿Soy capaz de decir “te quiero”,

“tengo pena”?

No me siento a mis anchas cuando soy el o la que recibe, en particular cuando se trata de amor.

Lo quiera o no, el principio femenino forma parte de mí.

La actitud que desarrollé frente a mi naturaleza femenina tiene un nexo directo con las relaciones que entretuve con las mujeres de mi vida: madre, hija, amiga, esposa, etc.

El modo en que voy a expresar mi feminidad (sea la facilidad o la dificultad) dependerá en gran parte del modelo de los padres y de mi identificación con uno u otro de los padres.

GENITALES (Dolores de los órganos)

Las dificultades que siento con mis órganos genitales me manifiestan un miedo, o una culpabilidad, vergüenza, desconfianza, pesares, ira, con relación a mi sexualidad, lo cual corre el riesgo de traducirse con enfermedades venéreas, frigidez, impotencia, etc.

Esta área está vinculada a mis gónadas (los testículos en el hombre, los ovarios en la mujer) y la energía sexual vinculada a la sexualidad es muy poderosa ya que tiene por primer objetivo perpetuar la especie.

Sin embargo, puede que use esta energía con malas intenciones.

La noción de placer vinculada a la sexualidad me pone en contacto con una de mis necesidades fundamentales, el placer, y me conecta con mi niño interior herido.

Así, mi sexualidad puede llevarme a poner en evidencia estos miedos, estas heridas, estos rechazos que forman parte de mí.

Puedo no aceptarme en el cuerpo (sexo) que soy, puede que viva un conflicto interior entre mis deseos físicos y los de orden religioso o espiritual; si me da miedo decir “no” y si tengo relaciones sexuales para evitar estar rechazado, miedo a perder el amor de una persona, sólo con un objetivo egoísta, etc., todas estas situaciones pueden llevarme a tener dificultades a este nivel.

Existe una confusión o un conflicto interior, una dificultad en la comunicación y el compartir.

Siempre me siento respetado, considerado y tengo dificultad en dar confianza a la gente.

Además, si mis padres deseaban a una hija y que soy un niño o viceversa, o bien que a mí – mismo, me hubiese gustado más ser del otro sexo, esto me puede conducir a vivir problemas genitales porque rechazo una parte de mi sexualidad y puede que me sienta culpable de ser quien soy.

Debo quitar toda culpabilidad para que mi sexualidad se vuelva la expresión de mis cualidades amantes y de la atención que llevo a los demás.

Es importante que el amor sea presente en mis experiencias sexuales y también cada vez que me mire en un espejo para aceptarme cada vez más tal como soy.

ENFERMEDADES VENÉREAS

Las enfermedades venéreas son las enfermedades sexuales transmisibles, asociadas a un agente infeccioso.

La causa principal de estas enfermedades es la vergüenza que el sujeto experimenta con respecto a la sexualidad.

En general, la persona afectada no es consciente de ella.

Esto es lo que su cuerpo le comunica: una parte quiere tener una vida sexual activa, pero otra quiere impedírselo.

Se avergüenza principalmente de dejarse influir por los demás.

No se concede el derecho de que le guste el sexo y, quizás, incluso de ser dependiente con respecto a él.

Además, duda de sí misma en la elección de su pareja sexual.

Es interesante constatar que cada vez parece haber más enfermedades venéreas a pesar de todos los avances de la medicina para combatirlas.

Se manifiestan para hacerte saber que debes dejar de creer en ciertas cosas que han formado parte de tu educación sexual.

Con esta enfermedad tu cuerpo te dice que vivas tu sexualidad como quieras, recordándote que tu cuerpo te pertenece y que no tienes que rendir cuentas a nadie.

Debes concederte el derecho de vivir experiencias sin sentirte culpable.

Aprende que, cuanto más quieras controlarte, más fácil será que un día pierdas el control.

Es más sensato vivir una experiencia y vivirla con alegría y aceptación.

Si te concedes el derecho a vivir una experiencia, ello no quiere necesariamente decir que continuará durante toda tu vida.

En lugar de mantener pensamientos de vergüenza e intentar ocultar tus deseos o tus acciones, sería más sensato que encontraras a alguien con quien hablar de ello y que te atrevieras a abrirte más para no dejar que la vergüenza te dirija.

Una enfermedad venérea puede sugerir que subsiste un sentimiento de culpabilidad frente a mi sexualidad.

Frecuentemente, la educación religiosa me reveló la sexualidad como algo sucio e impuro.

Sintiéndome avergonzado, creo que debo castigarme rechazando mis partes genitales.

Me auto – castigo y me auto- destruyo.

La energía sexual es sumamente importante y poderosa, forma parte integrante de mi programa genético para la supervivencia de la especie.

En consecuencia, una enfermedad venérea implica una afección o una infección vinculada a esta energía.

Si la desestimo, tendrá tendencia a girarse contra mí, a volverse “enferma”, dándome así la ocasión de descubrir que lo que hago está en desarmonía con el flujo natural y el equilibrio de esta energía.

Es importante que acepte que la sexualidad es un modo de expresar mi amor y mi deseo de unirme al otro.

FRIGIDEZ

La frigidez es el término médico que se utiliza para indicar la ausencia de placer en la mujer durante las relaciones sexuales. No debe confundirse con el término anorgasmia, que representa la ausencia de orgasmo, pero no de placer sexual..

La mujer que sufre frigidez es aquella que, desde la niñez, decide evitar el placer, sea del tipo que sea.

En general, es una persona de carácter rígido que busca evitar todo sentimiento.

Tiene un miedo inconsciente a ser cálida.

Por otro lado, esta persona tiene gran necesidad de vivir una vida sexual normal, quizás todavía más que la mayoría de las mujeres.

El gran control que ejerce sobre sí misma en el aspecto sexual la llevará a perder el control en otro ámbito.

Si padeces frigidez, es probable que creas que el placer es sinónimo de pecado, de mal y de incorrecto. Estas creencias deben ser muy fuertes para que hayas logrado controlarte de este modo.

Sin embargo, es importante que te des cuenta de que cada ser humano tiene sus límites y que, cuando alcances los tuyos, perderás el control.

Si no es en el sexo, ocurrirá en otra cosa: el alcohol, la comida, las lágrimas, las crisis incontroladas, el cuerpo que tiembla, etc.

El hecho de no experimentar placer sexual te castiga mucho más que a tu compañero.

Date permiso de ser la persona cálida que tu corazón desea.

Eres como una bomba a punto de explotar.

Concédete el derecho de sentir placer, será un renacimiento para ti, una nueva vida.

La frigidez consiste en una insatisfacción sexual en la mujer durante las relaciones sexuales.

Generalmente, hay un traumatismo profundo o un conflicto interior.

El miedo está en el centro de este estado: miedo de mis impulsos sexuales y del placer que podrían hacerme parecer “indecente”, miedo de abandonarme y de perder el control.

Tengo miedo de “perder algo” “sometiéndome a la sexualidad.

En realidad, se trata del miedo a afrontar lo que escondo en el interior mío. Cuando está presente este miedo, frecuentemente creo que soy fea y sin valor.

Tengo vergüenza y me culpabilizo profundamente.

Esto frecuentemente resulta de un abuso sexual vivido en la infancia, o del acondicionamiento de los padres diciendo que “el sexo es malo” o de la creencia que “amor y sexo no van juntos”.

Estas percepciones estando escondidas en el inconsciente, deseo retirarme de toda participación, rechazar la sexualidad sin saber por qué de un modo consciente.

La educación que recibí tiene un gran impacto sobre mi frigidez.

¿Estaba considerada la sexualidad envilecedora y representativa de los instintos más bajos del ser humano?

¿Oí hablar de resignación y sumisión frente a las relaciones sexuales, con el sobreentendido de que no había ningún placer?

¿Abusaron de mí sexualmente en mi infancia?

Si es así, rechazo inconscientemente mi sexualidad y siento dificultad en dejarme tocar sin sentir miedo y asco.

Tomo consciencia de que no hay nada indecente en la sexualidad.

Al contrario, cuando está expresada entre parejas consintientes que viven una relación de aceptación y de profundo amor, es bella y sana.

Acepto abrirme a mi pareja, expresarle mis miedos, mis temores.

Acepto decirle mis necesidades.

Comprendo que la sexualidad forma parte de mi dimensión física y que es una fuente de desarrollo para mi evolución.

IMPOTENCIA

La impotencia en el hombre es un trastorno bastante frecuente que se caracteriza por la imposibilidad de lograr una erección que permita la realización de la cópula.

Todo hombre fue, es o será impotente en una época cualquiera de su vida; de hecho, la erección es un fenómeno frágil.

Cuando se presenta no debe ser considerada como una tragedia ni ser ridiculizada. Por el contrario, es importante que este hombre averigüe en qué situación se sintió impotente, que descubra qué ocurrió antes de experimentarla.

Perder la erección en varias ocasiones con la misma mujer puede tener su origen en el hecho de que ella se haya convertido en la madre de este hombre o que él no quiera manchar a la mujer amada.

También puede ser una forma inconsciente de castigar a su pareja.

Esta impotencia sexual se presenta en tu vida para mostrarte que crees que eres impotente ante una situación determinada y que esta creencia te perjudica.

A menudo sucede que una persona se siente así porque quiere demasiado para otra; es bueno dejar que los demás resuelvan sus propios problemas.

Si sufres de impotencia a causa de una mala experiencia sexual anterior, tu cuerpo te dice que no te conviene seguir creyendo que esa experiencia va a seguir repitiéndose.

Sólo tú, al creer en ella, puedes materializarla. Es bien sabido que nos sucede aquello en lo que creemos.

Si utilizas la impotencia sexual para castigar a tu pareja, entiende que eres tú quien se castiga, porque al bloquearte físicamente bloqueas también tu energía creativa.

Esta actitud alimenta tu ego, pero no a tus relaciones.

La descripción anterior se aplica también a la imposibilidad de eyacular. 

Como hombre, si soy incapaz de obtener o mantener una erección durante una relación amorosa, entonces padezco impotencia. Esto me lleva seguramente a vivir insatisfacción en mis relaciones sexuales.

En el nivel médico, aunque la impotencia pueda ser orgánica, es decir proceder de una causa física o proceder de un aspecto psicológico, debo considerar desde el punto de vista metafísico que la causa procede de un factor psicológico o metafísico (más allá de lo físico), incluso inconsciente.

La impotencia frecuentemente está vinculada al miedo de abandonarse a una mujer (o a un hombre si mis relaciones sexuales se hacen con un hombre) y también de perder el control frente a sí – mismo o frente a la otra persona.

Siendo hombre, frecuentemente tengo muchas responsabilidades y puedo vivir mucha tensión y estrés en el trabajo, y la sociedad en general me pide que tenga excelentes resultados.

Transponiendo esta petición en mi sexualidad, puedo sentir una presión sexual que me empuja a optimizar y crea una gran tensión interior que me “hace perder mis medios”.

Al no atreverme a hablar de ello con mi pareja, me pongo a vivir mucha culpabilidad, confusión hasta tener miedo de perder a la otra persona.

Una gran angustia sentida durante mis relaciones amorosas puede provocar este bloqueo que me hace vivir impotencia.

Esta angustia puede proceder del hecho que, durante una relación sexual, estoy más en contacto con mi aspecto afectivo.

Como hombre, no estoy acostumbrado a maniobrar con mis emociones.

Estoy en contacto más consciente con mi hijo interior herido que puede vivir inseguridad, miedo, rechazo, incomprensión.

Así que si en mis relaciones amorosas anteriores tuve la sensación de vivir fracasos que me parecieron desvalorizantes, entonces podré no sentirme “a la altura” de la situación durante una próxima relación sexual.

Mi inseguridad, mi sentimiento de incapacidad y fracaso, de odio de mí, de culpabilidad o de negligencia puede llevarme también a vivir impotencia.

Puedo vivir la marcha de mi mujer como una separación tanto en el plano emocional como físico.

Como que el contacto sexual ya no es posible, mis órganos sexuales pierden su sensibilidad.

También la impotencia puede tener su origen en un suceso pasado que me marcó: pueden haber abusado de mí físicamente o psicológicamente en la tierna infancia; puedo guardar rencor frente a una relación afectiva anterior, teniendo la sensación de que he sido víctima de una traición.

También la impotencia es un modo de tener poder sobre el otro reteniendo sexualmente a una pareja que abusa o pide demasiado.

Puedo tener la sensación de que mi territorio (mis posesiones, mi entorno inmediato, lo con lo cual me identifico) está en peligro.

Puedo tener una pérdida de interés para las mujeres en general, lo cual se transpondrá en el plano físico si perdura el desinterés.

Finalmente, si identifico mi pareja con mi madre, si ésta ocupa un lugar demasiado importante en mi vida, sometiéndome a ella y teniendo miedo de disgustarle, sintiéndome impotente en hacerla feliz y complacerla, esto podrá transformarse en impotencia sexual.

El complejo de Edipo (se caracteriza, en el desarrollo del niño, generalmente entre los 3 y los 6 años, por un fuerte lazo afectivo para el padre del sexo opuesto: el hijo hacía su madre, la hija hacía su padre) no se ha vivido bien probablemente.

Debo volver a definir mi lugar, tomar contacto con mis emociones y soltar el control para que circule la energía libremente en todo mi cuerpo, en vez de quedarse en mi cabeza para traer una relajación física y mental.

EYACULACIÓN PRECOZ

La eyaculación precoz o eyaculación prematura puede estar vinculada a mis primeras experiencias sexuales.

Cuando me masturbo, me siento culpable porque lo siento como siendo “malo” o “prohibido”.

Me doy prisa por lo tanto en alcanzar la eyaculación.

El placer de lo prohibido siempre ha tenido una atracción muy fuerte e, incluso de modo inconsciente, intento volverlo a vivir.

También puede que me imponga presiones y nerviosidad en mi deseo de resultado óptimo.

Quiero probarme a mí y a mi pareja “lo que soy capaz de hacer”, con resultados opuestos y frecuentemente inesperados.

Debo relajarme y volver a aprender el placer sexual vinculado a la masturbación en un clima libre de coacciones y culpabilidad.

Solo o con mi pareja, vuelvo a descubrir el gozo de la masturbación retrasando cada vez más el momento de la eyaculación.

Esto se vuelve un juego en el cual encuentro mucho placer.

Así puedo emprender una psicoterapia que me ayudará a disminuir esta culpabilidad que pude vivir en mi infancia y que hará disminuir mi ansiedad en querer ser el mejor desarrollando más confianza en mí.