Descubrir mi mundo interior

El náufrago y la duda

Andas por la vida paseando y disfrutando de todo lo que te rodea, recordaste que la felicidad es nuestro estado natural o por lo menos estás dándote cuenta de a poco, parece que todo se encamina y la vida te sonríe. Y de pronto pasa algo, sin previo aviso, como un relámpago, todo se pone patas para arriba y te sumerges en un mar de dudas y miedos donde te encuentras hundiéndote atado a la piedra de la mente-ego. ¿Cómo puede pasarme esto ahora?, ¿qué más tengo que aprender?, ¿en qué fallé?, ¿es que no he avanzado nada?

Al tomar el camino de la aceptación (que no es resignación) y la confianza en la providencia, elegimos no pelearnos con la vida y de seguro aparecen estos “nubarrones”, es cíclico como todo en el Universo, a no asustarse, es parte de la Naturaleza sabia de la cual formamos parte.

Cuando en momentos de silencio y búsqueda interior, respiro conscientemente y filtro estas cuestiones con el corazón, a menudo se me presentan imágenes de la película “Náufrago” (Tom Hanks, año 2000), puntualmente la parte en la cual él decide abandonar la isla, que ya había aprendido a “dominar”, y que interiormente sabía que debía aventurarse a dejarla, lo sentía (corazón), no lo pensaba (mente) porque si lo pensaba no dejaría esa prisión con apariencia de paraíso que le brindaba comodidad ¿Podríamos compararnos con el náufrago?, nuestras vidas presentes, ¿se parecen en algo a la de este “desafortunado” sujeto?

Somos náufragos “bien vestidos” y alineados, viviendo en la isla del consumo desmedido y la competencia donde sobrevivimos a expensas del sufrimiento y sacrificio, el propio y el ajeno. La moneda de pago es el tiempo (no euros, dólares o pesos), tiempo que perdemos corriendo cual ratoncito en su rueda de acrobacia para conseguir cosas que no necesitamos, para aparentar personas que no somos, para cumplir con los requisitos que nos son impuestos y “pertenecer”, lograr “reconocimiento”, ser “exitoso” y “triunfar” en la vida, aunque todo esto sea a cambio de pisar los sueños propios y ajenos… La vida no es esto, interiormente lo sabes, hazte un tiempo y bájate de la rueda de acrobacia adquiriendo perspectiva, respira, toma aire e imagínate que todo se paraliza y analiza lo que estás haciendo con el hermoso regalo que tienes que es LA VIDA… si no te gusta lo que ves, no te apenes ni te preocupes porque lo mejor está por venir.

Llega un momento en nuestra vida de isleños en donde sentimos esa nostalgia de reencontrarnos con lo que verdaderamente somos y miramos hacia ese horizonte azul inmenso y nos brota una curiosidad interior que nos indica que es por ahí, entonces nos adentramos a la aventura de abandonar la isla con nuestra balsa de sueños y experiencias, alejándonos de esa “necesaria escuela” en la cual aprendimos mucho y que decidimos abandonar para ir hacia ese océano de Espíritu y fundirnos en él.

Y es ahí cuando aparece… repentinamente, frente a nosotros esa ola gigante (recuerden la película), la ola de la duda, miedo y desilusión, un paredón infranqueable que nos revuelca en su superficie de pensamientos del pasado y el futuro y nos empuja de vuelta a la isla engañosa. Pero como somos luchadores y perseverantes nos “armamos” de nuevo para enfrentar a la ola gigante, una y otra vez, pero con el mismo resultado: de vuelta a la isla. Quizás quede algo por aprender, o mejor, por recordar.

Aquello que tanto buscamos se encuentra cruzando la playa, en eso que es desconocido y que a la vez nos parece tan familiar. Lo encontraremos siguiendo una brisa fresca que acaricia tu rostro, sintiendo ese aroma a libertad que llena nuestro Ser y nos transporta mágicamente a las profundidades de ese océano de Espíritu donde todo es tranquilo, hermoso y sereno. Nos damos cuenta de que somos parte de un TODO y como tal podemos movernos por donde queramos y así evitar las aguas turbulentas de olas gigantes y disfrutar de la creación habiendo encontrado ya nuestra verdadera ESENCIA DIVINA, donde tú y yo estaremos juntos, reconociéndonos, recordándonos… abrazándonos.

Autor: Diego Alcalde

Fuente: El Cielo en la Tierra