Causas emocionales de los Hombros (en general)

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Causas emocionales de los hombros
Young man holding his shoulder in pain, isolated on white background

Causas emocionales de los Hombros (en general)

El hombro, que une el brazo al tronco, es una articulación compleja y extremadamente móvil que permite efectuar movimientos amplios y precisos en todas direcciones. La descripción que sigue se refiere al dolor de hombros. Para una fractura, véase también accidente.

La persona a la que le duele la parte superior de los hombros, tiene la impresión de llevar una carga demasiado grande sobre ellos. Como unen los brazos al tronco, este dolor tiene relación con “querer hacer demasiado” por los demás. Esta persona se impide ir en la dirección deseada porque se cree obligada a hacerse cargo de la felicidad o del éxito de los demás. En general, este dolor se manifiesta en la persona que tiene capacidad de actuación. Su mensaje no es que deje de hacer diferentes cosas en su vida, sino que las haga por amor en vez de por obligación. Si el dolor de hombros le impide mover los brazos, el mensaje se relaciona con su dificultad para abrazar a una persona o una situación nueva.

Tu dolor de hombros te indica que te impones tareas que no son necesarias para ti. Al querer hacer mucho por los demás te obligas a cargar sobre tus hombros un peso que no te pertenece. Mientras lo hagas, los demás no pueden aprender a hacerse cargo de su propia vida. Te sugiero que verifiques tus compromisos. ¿Prometiste a esas personas que te ocuparías de todo? O más bien… ¿crees que esto se sobreentiende de manera automática? Es tiempo de que revises tus límites y tus necesidades y que sólo cargues sobre tus hombros lo que corresponda a lo que quieres.

Concédete el derecho de quererte y ocuparte de ti mismo.

Date cuenta de que lo que te impones proviene de ti mismo y que los demás respetarán tus necesidades cuando tú las respetes.

Además, date el derecho de ser más flexible y de abrazar a quien quieras o a lo que quieras sin temer a las consecuencias.

Los hombros representan mi capacidad de llevar una carga. Mis hombros llevan mis alegrías, mis penas, mis responsabilidades y mis inseguridades. Como cualquier otra persona, no estoy exento de llevar una carga.

Si me hago responsable de la felicidad y del bien estar de los demás, entonces aumento el peso que llevo y me duelen los hombros.

Tengo la sensación de tener “demasiado por hacer” y de nunca ser capaz de realizarlo todo. 

Puede también que tenga la sensación de que me impiden actuar, bien a causa de opiniones diferentes o porque simplemente no quieren asistirme y apoyarme en mis proyectos.

También me duelen los hombros cuando vivo grandes inseguridades afectivas (hombro izquierdo) o materiales (hombro  derecha) o que me sienta aplastado por el peso de mis responsabilidades., tanto afectivas como materiales.

Tengo tanto miedo al mañana que me olvido vivir hoy.

Las dificultades que encuentro, la responsabilidad de deber crear, hacer, perfeccionar, todo esto puede “aplastarme”.

Puedo querer probarme que, a pesar de todo, puedo enfrentarme con las situaciones echando los hombros hacía atrás, poniendo el pecho más en evidencia, pero la realidad es que mi espalda es débil y distorsionada por el miedo.

Si la parte afectada de mi hombro se refiere a los huesos (fractura, ruptura), esto se relacionará más con mis responsabilidades fundamentales.

Si la parte afectada de mi hombro es muscular, esto se relacionará más con mis pensamientos y emociones.

Aprendo también a dejar circular la energía de mi corazón hasta los hombros y después, en mis brazos, lo cual evitará la rigidez y el dolor, porque mis hombros representan la acción y también el movimiento, desde la concepción hasta la materia. Pasan a través de ellos mis deseos interiores de expresarme, crear y ejecutar porque nacieron al nivel de mi corazón.

La energía emocional debe dirigirse hasta en mis brazos y mis manos para realizar dichos deseos.

Si me freno en decir o hacer cosas, si me “encasillo” (viene de la palabra “casa”, que quiere decir encerrarse en un lugar. En sentido figurado, esto significa replegarse sobre sí) en vez de hundirme en la vida, si llevo máscaras para tapar mis miedos y mis aprensiones, mis hombros estarán tensos y más rígidos.

Si el hueso de mi hombro va hasta quebrarse o romperse, existe en mi vida un conflicto que es muy profundo y que toca la esencia de lo que soy.

La tensión o cualquier otro malestar que sienta en la área de los hombros me da una indicación según se trate del hombro derecho o izquierdo.

Si mi hombro derecho está afectado, se trata de mi lado masculino activo: puedo vivir un conflicto o una tensión con relación a mi trabajo, a mi modo de actuar frente a la autoridad. Es el lado “recio y controlador” que gana; en cambio sí es mi hombro izquierdo el que está afectado, la tensión que pueda vivir está relacionada con el aspecto femenino de mi vida, es decir creativo y receptivo, a mi habilidad por expresar mis sentimientos.

Tomo consciencia de lo que me aplasta, acepto que soy responsable de MÍ y dejo que los demás se cuiden de ocuparse de su propia felicidad. 

Aprendo a delegar.

Un hombro helado significa que se vuelve frío y doloroso y que está molestado en su completa utilización. Me vuelvo frío e indiferente con relación a lo que hago (justo para hacerlo?) o puedo realmente hacerlo? Existe una profunda tensión que me indica que quiero realmente hacer algo diferente de lo que hago actualmente.

También acepto aprender a vivir el instante presente, lo cual me permite aliviar el peso que llevo en mis hombros.

Hago confianza al universo que atiende mis necesidades cotidianas.

HOMBROS ENCORVADOS

Los hombros encorvados dan comúnmente lugar a expresiones como Joroba de Bisonte o Jorobado.

Además de todo lo que se refiere al dolor de hombro, los hombros encorvados simbolizan que dejo de luchar frente a la vida y su peso. Ya no puedo llevarlo todo solo y creo que es sin esperanza.

Además de llevar todos mis numerosos problemas, tengo la sensación también de tener que llevar el peso de la gente que me rodea. “¡Su destino está entre mis manos!”.

Arrastro mucha culpabilidad frente a mi pasado.

Si además mis hombros están crispados, hay un constante estado de tensión interior en mí.

Estoy constantemente al acecho, listo para resolver cualquier situación imprevista, tomando así la responsabilidad de la felicidad de los demás.

Acepto que es tiempo que cuida de mí y que deje que los demás se cuiden de su felicidad.

Este tipo de desviación pronunciada de mi columna vertebral también puede indicarme una obligación a la humildad.

Poco importa la razón anterior de mi estado, debo aprender a desarrollar la humildad porque este bloqueo energético procede de grandes iras pasadas que aún me afectan hoy y que se acompañan de mucha irritación frente a ciertas personas o ciertas situaciones.

 Soy responsable al 100% de lo que me sucede, acepto mi elección, conscientemente o no, y soy responsable.

Es probablemente el reto más grande de mi vida.

Estoy a la escucha de mi voz interior, me guía en lo que debo hacer para ser más feliz.

Un masaje o un tratamiento energético pueden ayudarme a centrarme en el tiempo presente y a tomar contacto con mi yo superior para reconocer mis propias necesidades.

ACCIDENTES

Un accidente es un suceso no previsto, por lo que es frecuente que se considere producto del azar. Con mucha frecuencia se oye decir que el azar no existe. Lo importante de un accidente es observar qué parte del cuerpo resulta herida, así como la gravedad de la lesión. Si el accidente produce una fractura, consulta dicha palabra, además de la presente.

El accidente se produce para que la persona se dé cuenta de que se siente culpable, que se acusa de algo en el nivel del YO SOY. Por ejemplo, una madre está realizando sus quehaceres y su hijo la llama desde otra habitación de la casa. Ella finge no haber oído porque le parece que puede esperar y, al seguir haciendo sus labores, se cae y se lastima una pierna. Si se hiciera la pregunta: “¿En qué estaba pensando?”, se daría cuenta de que se estaba sintiendo como una madre sin corazón. Por ello se lastimó la parte del cuerpo que contribuyó a que fuera una madre así. Tener un accidente es una de las formas que los seres humanos utilizan para neutralizar su culpabilidad. Creen que así pagan su culpa. Desafortunadamente, todo esto sucede de un modo inconsciente.

Cuando los efectos de un accidente son lo bastante graves para impedir que la persona trabaje o haga alguna cosa en especial, estamos ante una forma inconsciente de concedernos un descanso.

Esta persona se sentiría demasiado culpable si decidiera conscientemente darse un respiro.

Debes revisar tu percepción mental de la culpabilidad.

De acuerdo con nuestro sistema legal, una persona es declarada culpable cuando se comprueba, sin lugar a dudas, que quiso hacer daño intencionalmente. Te sugiero que te preguntes, cada vez que te acuses, si de veras tuviste la intención de causar daño. Si no fue así, deja de acusarte, pues no hay razón para el castigo.

En el ejemplo antes citado, ¿crees que la madre quería hacerle daño a su hijo? Por otro lado, cuando una persona es culpable, la ley de causa y efecto se ocupa de ella, porque todo nos regresa según nuestra intención. Una persona prudente y responsable se reconoce culpable cuando es el caso, pide perdón a la persona perjudicada y acepta la idea de que un día aquello le será devuelto.

Al ser consciente, lo vivirá de una forma armoniosa, en la aceptación, y sabrá que todo está en orden, de acuerdo con la justicia divina.

Si tu accidente fue provocado de manera inconsciente para poder descansar, es importante que te des cuenta de que podías haberte permitido ese descanso sin causarte daño, utilizando un medio mucho más sencillo: plantear abiertamente tus necesidades.

Si tu accidente es importante y te produce un gran dolor, como en el caso de una FRACTURA, ello indica que tienes pensamientos de violencia hacia alguien; poco importa que seas consciente de ellos o no. Como no te puedes permitir este tipo de actitud y esta violencia ya no puede ser contenida, se vuelve contra ti.

Debes liberarte y expresar lo que sientes hacia la persona involucrada, sin olvidar perdonarte por estos pensamientos.

El accidente suele ser sinónimo de culpabilidad.

Está conectado con mis culpabilidades, con mi modo de pensar y con mi funcionamiento en la sociedad.

También denota cierta reacción hacía la autoridad, incluso varios aspectos de la violencia.

Puede suceder que tenga dificultad en afirmarme frente a esta autoridad, a hablar de mis necesidades, mis puntos de vista, etc. Entonces “me hago violencia” a mí – mismo.

El accidente indica una necesidad directa e inmediata de pasar a la acción.

La necesidad inconsciente de cambio es tan grande que el pensamiento usa de una situación extrema, incluso dramática para que tome consciencia que debo probablemente cambiar la dirección que actualmente estoy tomando.  

Es una forma de auto – castigo consciente o inconsciente.

La parte del cuerpo herida durante el accidente habitualmente ya está enferma o debilitada, bien por una enfermedad, una dolencia, un corte, una quemadura o cualquier predisposición a los accidentes. El accidente me permite observar esta debilidad haciéndola subir a la superficie.

El accidente también es mi incapacidad a verme y a aceptarme tal como soy. Ya que soy responsable al 100% de mis actos y de mi vida entera, puedo explicarme más por qué me he atraído tal forma de accidente. ¿Atraído, dice Ud.? Sí, porque todo esto viene de mis pensamientos más profundos, de mis “patrones” (esquema de pensamiento que hace que se repitan acontecimientos en mi vida) o esquemas de pensamiento de infancia.

Es muy posible que me atraiga castigos si, hoy, tengo la sensación de hacer algo y de no estar correcto. Exactamente como en mi infancia; me castigaban cuando no estaba correcto. Está esto grabado en mi mental y es tiempo de cambiar mi actitud.

El lado “moral” del ser humano lo lleva a castigarse si se siente culpable, de aquí el dolor, las aflicciones y los accidentes.

Es capital saber que puedo sentirme culpable en una situación cualquiera si y sólo sé que hago daño a otra persona. En todas las demás situaciones, soy responsable pero no culpable.

Debo recordarme que soy mi propia autoridad (en el sentido de individuo).

Necesito tomar mi lugar en el universo.

Debo cesar de hacerme violencia.

Como ya lo escribí anteriormente, el accidente está vinculado a la culpabilidad y ésta, al miedo con relación a una situación.

El miedo a no estar correcto se percibe frecuentemente bajo el aspecto de la culpabilidad en vez del de la responsabilidad.

Frecuentemente el accidente me obliga a cesar o frenar mis actividades.

Sigue algún período de planteamiento. Manteniéndome abierto y objetivo con relación a mí – mismo, descubriré rápidamente la o las razones de dicho accidente.

¿Perdí el control de la situación?

¿Es para mí el momento de cambiar de orientación?

¿Tengo dificultad en escuchar los signos interiores o mi intuición, de tal modo que me atraigo un signo radical en el plano físico?

¿Observé cómo se produjo el accidente?

¿Cuál era mi estado antes y después?

Es muy importante volver a ver las condiciones que rodean el accidente; analizo las palabras usadas y tomo consciencia que ponen en evidencia lo que vivo en el momento del accidente.

Observo todos los signos y símbolos de esta situación (accidente) y escucho mi voz interior para encontrar una solución que me evitará probablemente empeorar todo esto.

La predisposición a los accidentes es un estado que se produce durante una relación conflictual con la realidad, la incapacidad de estar plenamente presente y consciente del universo tal y como se presenta a mí.

Es como si quisiera estar en otro lugar.

Estoy desconectado de lo que sucede alrededor mío, quizás porque encuentro mi realidad inaceptable o difícil de vivir.

Necesito estar mejor conectado sobre mí – mismo para descubrir mi seguridad y mi confianza interiores.

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