Descubrir mi mundo interior

EL SILENCIO COMO CAMINO DE AUTORREALIZACIÓN

  Pasemos a estudiar el tema del silencio dentro de esta línea de autorrealización.

  El silencio siempre se ha considerado como algo de gran importancia, y no sólo de cara a este trabajo interior, puesto que siempre ha habido personas que lo han elogiado como un medio para serenar el alma, para realizar todo lo que tiene un carácter profundo, elevado, sea en el terreno literario, filosófico o incluso de carácter técnico.

I. SINÓNIMOS

  De hecho existen varias palabras que tienen un significado similar al de la palabra silencio, tales como oscuridad, vacío, inmovilidad, relajación, abandono. Todas ellas son términos que, desde un ángulo u otro, están indicando lo mismo.

  Paralelismos: en el Yoga.- Dentro del Yoga constatamos que el concepto de silencio es sinónimo de lo que llamamos Kumbhak. Kumbhak es ese período del proceso respiratorio en el cual ni se inspira ni se espira, desapareciendo por un momento el movimiento natural hacia fuera o hacia adentro; es como si la existencia se suspendiera por unos instantes, instantes que dan oportunidad para penetrar en una nueva dimensión, tanto en el kumbhak con cariz interno, como en el kumbhak externo.

  En la mística.- En una dimensión ya más religiosa, se habla de la muerte mística. Muerte es otra palabra emparentada con el silencio. También se utiliza el término noche oscura, entre otros. Todos ellos son términos que aun viniendo de distintos terrenos y ángulos de visión, de épocas y tradiciones diferentes, están apuntando hacia una misma realidad.

II. FUNCIONES DEL SILENCIO

  ¿Por qué el silencio es tan importante? Consideremos las funciones principales que tiene y lo veremos con claridad.

Medio de Realización del YO central

  La primera función, desde la perspectiva que nos interesa aquí, es la de ser un medio directo para llegar a la realización del YO central. Si hacemos abstracción de todo lo que es movimiento, sonido, fenómeno, o sea todo lo que es contingente, accidental, si todo esto se calla, si todo esto se deja aparte, ¿qué queda? Queda lo que hay detrás de todo, lo que está más allá del fenómeno, lo que es el eje inmóvil alrededor del cual gira todo lo que es fenoménico. Ese punto central, esa esencia es la Realidad espiritual.

  Por esto, hacer silencio quiere decir apartar por un momento de mi conciencia todo lo que no es YO, todo lo que es no-YO y, si consigo mantener apartado esto durante cierto tiempo, manteniéndome perfectamente consciente, despierto, esta Realidad central aparecerá, se actualizará en mi conciencia. Esto sólo ya da al silencio una importancia capital.

Como medio de superación y de disolución del YO-idea

  El silencio no es sólo un medio para llegar a esta Realidad central, sino que es medio también para ir eliminando todas las dificultades que nos encontramos en su camino. El nudo gordiano en el camino de la autorrealización espiritual, es el yo-idea, es la dificultad más considerable porque estamos acostumbrados a apoyarnos en él, a vivirlo todo en función de este yo-idea, a vivir, por tanto, toda la vida como una constante interpretación, sobre la base de las ideas que lo forman. Cuando me vivo a mí mismo, no en lo que soy en mi naturaleza intrínseca, sino a partir de la idea que tengo de mí, entonces todo lo demás lo he de estar mirando en función de esta idea, de este esquema mental. Este mirar lo demás en función de una idea previa es una interpretación.

  De esta manera nunca percibimos las cosas como realmente son, ni siquiera a las personas o a nosotros mismos. Estamos de forma continua interpretando la vida, la realidad fenoménica, interpretándola en función de una idea, de un punto de partida que de por sí es relativo y está falseado. Pero como nos hemos apoyado de forma constante en este soporte, se ha ido fortaleciendo, hasta el punto de que nos parece increíble que se pueda vivir sin él. Por todo ello, este yo-idea es el obstáculo más importante que existe para llegar a la auténtica realización.

  Yo no puedo descubrir  la verdadera Realidad si estoy creyendo que soy otra cosa. Si tengo una idea de mí, lo que tendrá más valor serán aquellas ideas que estén en relación con la misma y, por lo tanto, no podré aceptar que exista una realidad que sea más importante que ella, aunque por otro lado me dé cuenta de que esta idea es un producto de una fuente. Y, en consecuencia, si este yo-idea es un producto, nunca será la realización de este Ser central.

  Pues bien; el silencio constituye un camino para llegar a conocer este yo-idea, a superarlo e incluso a disolverlo. El yo-idea es el que nos hace reaccionar constantemente en la vida diaria, porque estamos interpretando, mirando, cada situación desde el punto de vista de nuestra afirmación o negación de tales ideas. Cada cosa que estoy viviendo me afirma o me niega en función de mi yo-idea. Al ser el yo-idea el eje sobre el que estructuro toda mi vida, he de estar contrastando constantemente, he de estar interpretando todo lo que hago, pienso o me hacen los demás, para ver si va a favor o no, si es aceptable o no, en relación a la idea que tengo de mí, no en relación a mi naturaleza intrínseca. Este es el error óptico de base: montar mi vida en función de la idea que tengo de mí y no en función de mi naturaleza real, profunda.

  El yo-idea se manifiesta y se reafirma actuando. El modo de actuar del yo-idea es pensando, razonando, catalogando, clasificando, criticando. El lenguaje del yo-idea es el deseo y el temor y toda la argumentación puesta al servicio de este deseo y de este temor. Cuando hago silencio, ¿qué es en realidad lo que estoy silenciando? Intento silenciar toda esta argumentación, toda esta barahúnda que hay de actividad psíquica que es producto del yo-idea. Por esto, aprender a practicar el silencio aunque sea sólo por unos pocos momentos, como ejercicio especial, es un modo de emanciparnos, de liberarnos de esa esclavitud de la idea que tenemos de nosotros mismos.

  Cuando este silencio puede prolongarse no ya sólo en el tiempo de meditación o de práctica especial, sino a lo largo de la vida diaria, se va produciendo el descubrimiento de que podemos vivir sin necesidad del yo-idea. En estas prácticas se ha de procurar tranquilizar lo vital, lo afectivo y lo mental, estando en silencio pero despiertos y receptivos, manteniendo estos mecanismos de la personalidad tranquilos, en silencio. De esta manera se produce un silencio en estos niveles, al mismo tiempo que la atención se hace más clara. Si esto se practica con calma, con perseverancia, un día y otro, se va percibiendo con claridad un sentido de belleza, de fuerza, de grandeza, de profundidad, de delicadez, etc., completamente aparte de lo que son las estructuras de nuestra personalidad.

  Pues bien; de este modo es como puede llegarse a vivir el silencio de la personalidad, dejando que lo que son niveles superiores actúen, funcionen, que sean ellos los que vivan, los que se sirvan de la personalidad como un instrumento mecánico para expresarse al nivel correspondiente, pero que nunca se  produzca el origen de la respuesta, de la atención, al mismo nivel de la personalidad. La personalidad se convierte sólo en un instrumento de estos niveles superiores que llamamos espirituales.

  Aquí vemos una aplicación del silencio en la vida diaria: silencio del yo personal. Aprender a vivir en silencio el yo personal es lo que conduce más rápidamente a su desinflamiento, a desidentificarse de él y, al final, a su disolución. Pensemos que el yo personal es el que se preocupa, el que se enfada, el que critica, el que tiene miedo, prisa, deseos. El YO superior nunca tiene nada de eso, sino que vive en una visión de presente que lo abarca todo, en una visión de conjunto que lo incluye todo, en una conciencia de potencia que está más allá de todo problema de oposición y lucha; vive en una calma, en una serenidad y en una eficiencia activas, inmutables. Lo que se agita en nosotros es el yo personal. La idea que tengo de mí ante cada situación es la que me plantea problemas de prejuicios, inconvenientes y altibajos.

Medio de desarrollo de la percepción

  Otro de los efectos del silencio es que desarrolla nuestra perceptividad. El silencio afina y mejora nuestra capacidad de percibir.

  Precisamente lo que percibimos habitualmente es lo que nos impide percibir otras cosas. Como normalmente estoy ocupado con el ruido de mis pensamientos, con las impresiones sensoriales, con lo que quiero hacer, con lo que deseo y trato de explicar, etc., se va formando una espesa capa que tiende a absorber por completo nuestra capacidad de conciencia perceptiva. Así sucede en nuestro modo general de percibir.

  Cuando se practica el silencio, todo se calma, y, al calmarse, se descubre lo que hay de viviente detrás. Pero nos preguntaremos: ¿Existe detrás algo viviente? Los descubrimientos se hacen por lo menos en tres direcciones distintas:

1. EN LO INTERIOR: Contenidos psicológicos

  En primer lugar, voy descubriendo mi interior: mis necesidades, los impulsos que surgen de mi nivel vital, mis sentimientos, mis mecanismos mentales, mis aspiraciones, todo lo que es contenido interior, con sus mecanismos y su dinámica. Voy viendo, voy descubriendo cómo funciona. No es que realice un estudio crítico, analítico, sino que simplemente lo descubro porque se encuentra en mí todo el tiempo; si no estoy distraído en otras cosas, lo que se encuentra en mi interior aparece. Por lo tanto, es un descubrimiento automático que hacemos sin el menor esfuerzo. Uno se va dando cuenta entonces de cómo están funcionando, de que manera tan automática se están desarrollando una serie de elementos y cómo se gestan por dentro actitudes que luego aparecen como reacciones espontáneas. Se descubre la causa de movimientos, de deseos, de temores cuyo motivo y origen desconocíamos. En una palabra, se va aclarando todo el panorama interior. Y al irme aclarando interiormente, voy aprendiendo a ver ese complejo interior objetivamente, con lo que me capacito para desidentificarme de él.

2. EN LO EXTERIOR: Movimiento interno de las personas y de la naturaleza

  Otra vía de percepción que queda desbloqueada por el silencio, para ampliar su campo de operaciones, es aquella por la que percibimos el exterior. Cuando hago silencio aprendo a percibir mejor el exterior, pero no como lo percibo ahora, es decir, solamente a través de impactos visuales y auditivos, sino que empiezo a ser sensible a lo interior de lo exterior, empiezo a percibir a las personas y a la naturaleza en su movimiento interno, en su vida íntima. La persona ya no es importante para mí según sus rasgos físicos, sus actitudes, sino que empiezo a captar la vida que existe dentro de esta apariencia, qué es lo que vive esta persona, qué siente, qué le mueve; empiezo a percibir lo que es realmente viviente. Esto no sólo se va descubriendo en las personas, sino también, en primer lugar, en los animales, por ser los más próximos a nosotros, e igualmente en los árboles, en las montañas, en las plantas, en la naturaleza en general. Se empieza a percibir y a intuir una significación que está detrás de la apariencia, detrás de lo sensible. Es más, llegamos a darnos cuenta de que lo que uno percibe por los sentidos son sólo productos, efectos, consecuencias. Lo exterior solamente es una expresión, una indicación, una especie de cristalización, en el plano material, de algo eminentemente viviente y dinámico que se encuentra internamente.

3. EN LO SUPERIOR: Presencia y acción de Dios en mí

  Finalmente, también se amplía mediante el silencio nuestra vía de percepción hacia arriba. Lo que llamamos valores superiores –pongámosles el nombre de Dios, Inteligencia Cósmica, o cualquier otro-, se aclara, se percibe, deja de ser una idea, deja de ser una filosofía, para convertirse en una constatación, en una experiencia viviente.

  Por todo ello, el silencio nos abre a nuevas dimensiones.

III. CONSECUENCIAS DEL SILENCIO

Mi YO, instrumento de expresión superior

  Además, y como consecuencia de lo dicho anteriormente, el silencio nos capacita para que lo interior en nosotros sirva de instrumento eficaz para expresar lo Superior. Uno descubre que el verdadero sentido de la vida no se centra en nuestra personalidad, sino que nuestra mente, nuestra afectividad y nuestro cuerpo sólo son instrumentos, herramientas para expresar lo que tiene realmente significado, calidad, a todos los niveles, incluso los más elementales. La personalidad deja de considerarse como un dios, como un ídolo y se la vez como lo que es en realidad, como instrumento temporal, y útil, pero sólo instrumento, al servicio de esta concreación, de esta encarnación de lo que son realidades vivientes y niveles causales.

Transformación de toda mi personalidad

  Al mejorar y ampliarse las vías de recepción y de expresión, se va produciendo una actualización efectiva en nosotros, en nuestra personalidad global, de lo que son valores superiores. La energía superior va encarnándose y va mejorando toda nuestra energía, la va transformando, la va sublimando. Nuestra afectividad humana se va transformando en virtud de esa gracia, de esa fuerza superior que nos va penetrando y, del mismo modo, nuestra mente se aclara a través de esta percepción intuitiva que se desarrolla progresivamente. Por lo tanto, gracias a esa apertura se produce en nosotros una transformación total.

IV. REQUISITOS PARA EJERCITAR EL SILENCIO COMO TÉCNICA

  Vemos La importancia del silencio en una amplia gama de aspectos. Ahora bien, practicar el silencio no sólo es difícil, sino que a veces no es recomendable. El silencio, para que sea efectiva, saludable, para que sea un medio realmente creador, transformador, revelador, necesita reunir una serie de requisitos; la persona que lo practica se ha de encontrar en unas condiciones determinadas.

  Antes de pasar a enumerar los requisitos necesarios para un verdadero silencio, resumiremos aquellas funciones positiva y negativa del yo-idea que tienen sus implicaciones en el tema que tratamos.

  Función positiva del yo-idea. Anteriormente hemos dicho que el nudo gordiano de nuestro trabajo de autorrealización está en el yo-idea, pero no hay que olvidar que este yo-idea es una estructura absolutamente necesaria; por algo existe; las cosas no existen porque sí, sin sentido. Nuestro yo-idea tiene como función organizar todo lo que son fuerzas de la personalidad: todas las demandas y necesidades de nuestro cuerpo físico, todo lo que son movimientos afectivos, estímulos y respuestas que se producen al tomar contacto con el mundo exterior. Nuestra mente, que es la que toma conciencia, simboliza y valora tanto el mundo exterior como nuestras propias necesidades. Es necesario coordinar e integrar todas esas fuerzas en una unidad funcional: este es el trabajo que realiza el yo-idea.

 Función negativa del yo-idea. El problema aparece porque en la persona hay algo que la empuja a ir más allá de esta estructura funcional. El hombre tiene un ansia de plenitud, de perfección, de algo total y definitivo que no queda satisfecha por esta estructura. Por ello, tendemos a divinizar los contenidos que ella posee: nuestros deseos, emociones e ideas; y llegamos a convertir de este modo ese yo-idea en un verdadero ídolo, en un auténtico dios. La crítica del culto de la personalidad es una constatación de lo absurdo que resulta convertir la personalidad en un ídolo.

  Sin embargo, en la vida solemos funcionar a partir del yo-idea: Nos quejamos de que en la sociedad todo es una comedia, un artificio, ya que constantemente hemos de estar sujetos a un mutuo respeto, a unas alabanzas, etc., que en el fondo no son más que una pantomima, pues las personas están pendientes de sí mismas y tratan de utilizar estos valores al servicio de su egocentrismo, para sentirse más buenas, más importantes. Al constatar eso, nos desagrada y nos quejamos de que en la vida no hay sinceridad, amistad, comprensión auténticas. En realidad todos funcionamos así, y no podemos funcionar de otro modo hasta que no estemos situados en un centro por encima del yo personal. Mientras estemos creyendo que somos sólo fulanito de tal, padre, marido, jefe de tal lugar, etc., y nos confundamos con estos personajes, nuestra vida estará al servicio de esos papeles; estaremos utilizándolo todo al servicio de esas creencias. Esto es inevitable. Sólo cuando yo descubra que existe un nivel más hondo que el del yo-idea, dejaré de convertir a este último en un ídolo, me sentiré Yo, y utilizaré mi inteligencia, mi función social, y todas mis cualidades como un medio, como un instrumento.

  Descritas, pues, las funciones del yo-idea, pasamos a enumerar y desarrollar los requisitos necesarios para llegar al verdadero silencio.

1º. Conciencia plena

  Para que el silencio sea una técnica perfectamente positiva es necesario que se realice en un estado de plena lucidez, de plena conciencia. La conciencia, ha de estar lúcida y actual en todo momento. Que no se vaya apagando y quede una lucecita allá a lo lejos, sino que uno ha de estar totalmente presente, como cuando estamos ante un asunto grave y urgente. Hablamos de poner todos nuestros sentidos y algo más. El silencio hay que hacerlo no sólo con nuestros sentidos, sino, sobre todo, con toda nuestra alma. Muchas personas que practican técnicas de concentración, de oración, u otras, no llegan a conseguir progresos fulminantes, porque les falta esta presencia total; en el momento que se ponen a hacer una práctica de este tipo actúan como si la mitad de su ser se durmiera, quedando sólo una pequeña parte presente. Toda nuestra atención, fuerza y capacidad han de estar presentes, conscientes. Si hacemos este esfuerzo, la práctica del silencio se convertirá en algo viviente, pero si estamos adormecidos, el silencio acabará por dormirnos del todo.

  2º. Desarrollo de la personalidad

  Es necesario también que mi personalidad haya alcanzado un grado mínimo de desarrollo, tanto de las facultades naturales –desarrollo de mi inteligencia, voluntad, afectividad, capacidad de desenvolverme en el mundo- como de la capacidad de dominar estas facultades desarrolladas, de modo que no esté a merced de mis impulsos, de mis emociones, de cualquier idea que pasa por mi mente; que haya conseguido, en una palabra, un control. No nos referimos a un control perfecto, ya que entonces, nunca estaríamos en condiciones de comenzar el trabajo, pero sí a un control satisfactorio, de modo que no nos cree problemas en nuestra vida cotidiana.

  Mientras que no se consiga esto, la primera labor a realizar es conseguirlo. Ello será un indicio de que el yo-idea cumple su misión, de que todo está relativamente coordinado, cada cosa en relación con el resto. Es en este momento cuando se puede pensar en soltar esta estructura, para trabajar en otro peldaño superior. Pero, si se hace silencio cuando el yo no está totalmente integrado, ordenado, entonces lo que sucede es que se desorganiza más aún porque como lo que coordina esos contenidos del yo-idea es mi atención, al actuar mi pensamiento activo sobre ellos en el silencio, deja de ejercitarse, de desarrollarse la estructura de ese yo-idea, con lo que deja de ser una estructura suficientemente correcta y armónica. Un trabajo prematuro en la práctica del silencio sin haber cumplido estos requisitos es peligroso. Nos referimos a una dedicación intensa al silencio, puesto que unos minutos de silencio van bien a todo el mundo, naturalmente.

  Así, por un lado, hemos de esforzarnos en cultivar ese yo-idea en su función positiva, para luego superarlo de forma que se llegue a disolver. Ambos pasos son absolutamente necesarios.

3º. Limpieza de mi estructura personal

  Para que el silencio sea una técnica provechosa es además preciso que la persona no tenga grandes fuerzas destructivas en su subconsciente, que se haya realizado una limpieza del subconsciente.

  Antes –en el apartado segundo- hemos hablado del desarrollo, de la actualización de capacidades. Ello se encuentra dentro de la línea de desarrollo natural. Ahora nos referimos a que no existan contenidos reprimidos, es decir, que aquellas cosas que en el proceso de desarrollo quedan retenidas –emociones, impulsos, etc.-, se barran a través de la vía de expresión, para que no entorpezcan el desarrollo de la personalidad. Es preciso, no una limpieza total y absoluta, pero sí que no haya contenidos negativos muy fuertes en nuestro interior. Esto es natural, porque cuando se vaya a hacer silencio, lo impedirían esos contenidos que pugnan por salir, ya que, al ser contenidos negativos, la persona intentará huir de ellos, salir de la situación, para no afrontar esos elementos desagradables que surgen, y, por consiguiente, no logrará quedar en silencio.

4º. Tendencia a la realización de valores superiores

  También, y no en menor grado, es absolutamente necesario que todo uno esté polarizado de un modo definido y sostenido hacia la realización de valores superiores, bien sea Dios como objetivo, hacia quien uno se abre, se dirige y se acerca, bien sea trabajando en el sentido del YO superior, pero que sea una polarización efectiva, una nota dominante en nuestra vida, y no una actitud que adopte un rato cada día y se acabó. Mi vida entera ha de estar empujada, impulsada hacia este objetivo.

  Cuando se han cumplido estos requisitos, el silencio hecho a dosis intensivas es revolucionario y realmente transformante.

V. CAMINOS PARA LA REALIZACIÓN DEL SILENCIO

  Descritas ya las ventajas que trae consigo el silencio, veamos cómo se puede llegar a él. Hay muchos modos de llegar al silencio. Propiamente hablando, no podemos “hacer” el silencio, pero podemos prepararnos, adiestrar nuestra mente para que deje de ser un mundo anárquico. El silencio es el resultado de la armonía, de la paz interior. En el momento en que pongo en orden las cosas, que no estoy agitado, porque no estoy confundido por un deseo, o un temor, cuando he adiestrado mi mente y mi afectividad está polarizada continuamente hacia lo superior, entonces el silencio se produce en nosotros. Nunca hacemos nosotros el silencio, sino que el silencio viene; porque, de hecho, el silencio se encuentra siempre ahí; nunca se introduce en nada. El silencio se descubre cuando uno deja de ser confundido con las otras cosas.

A) Caminos indirectos

  Es un camino para el silencio todo lo que conduce a la disciplina de la mente y de la afectividad.

  El Hatha-Yoga, cuando se realiza medianamente bien, requiere que uno esté atento a lo que va poniendo en juego por dentro; es una disciplina de la atención y, a medida que la persona se va disciplinando, se va preparando para llegar a practicar el silencio. En efecto, después de efectuar los ejercicios, aunque sólo sean las posturas –los asanas- y la respiración, estando atento, uno se queda en silencio natural. Hay otras formas para llegar al silencio, por ejemplo, el Japan, que consiste en la repetición de una frase que corresponde a mi aspiración más elevada. Se utiliza mucho en Oriente. También la meditación y la oración. Cuando llega un momento en que la oración se polariza más y más, no ya en la multiplicidad de contenidos y demandas, sino en una aspiración, en un fluir constante hacia Dios como Realidad, todo lo que era movimiento de la mente, incluso de las emociones, se va acallando, quedando simplemente una especie de rayo que se convierte en oración contemplativa. Esa oración contemplativa es silencio.

  Hay otro medio muy curioso para permitir que el silencio se manifieste: se trata de la acción total. Queremos decir por acción total la que ejecuto estando todo Yo metido en esa acción, siendo consciente, tanto de mí, como de la acción que estoy llevando a cabo. Si soy consciente de mí, cuando dejo de actuar sigo con esta conciencia quedando invadido por el silencio. El problema de mi vida de acción en la actualidad es que yo no soy consciente de mí aparte de la acción, de mí  como actor, sino que me confundo con las cosas que estoy realizando, con lo que estoy deseando hacer o esperando que suceda. Normalmente estoy todo yo involucrado, confundido, identificado con lo que se está moviendo, y esta identificación me arrastra por inercia, de tal modo que, cuando dejo de hacer aquello, la misma inercia me empuja a hacer otras cosas o hace que se siga agitando en mí la acción anterior ya concluida.

  Es preciso que aprenda a estar consciente en la acción, a darme cuenta de que soy YO quien está haciendo, YO y lo que hago, YO y lo que siento, YO y lo que pienso. Esto es lo que permite que la acción sea total. Cuando todo YO estoy presente en lo que hago, voy a parar de un modo instantáneo y natural al silencio, pues la acción total conduce al silencio total.

B) Caminos directos

  Hay otras formas directas de llegar al silencio. Una de ellas consiste en mantener la atención sostenida sobre algo externo, contemplando un punto exterior, lo que en Oriente llaman el Trapak, la fijación de la mirada, sea sobre un punto luminoso, o una imagen. Generalmente suele ser la divinidad que uno adora, o la imagen del propio maestro. La única función de este objeto exterior es fijar la atención, la mirada; gracias a esa atención se fortalece la mente, a través de lo cual se puede conseguir el silencio manteniendo la lucidez.

  También se puede seguir atentamente el ritmo de la respiración. Es una técnica muy definida. Consiste en ser consciente de la entrada y salida del aire, dándome cuenta de que todo el fenómeno se produce en mí, con la conciencia bien clara de mí presente en esta acción. Ese es un ejercicio excelente y quizá sea el ejercicio que en mayor número de centros de trabajo interior se practica. Cuando en ellos se practica esta técnica, con exclusión o prioridad sobre otros métodos, es por su gran eficacia y sencillez. Es independiente de doctrinas y tradiciones; simplemente es un fenómeno básico, natural. Se basa en el hecho de la respiración, que es automática, junto con la capacidad de prestarle atención.

  Otra forma de llegar al silencio consiste en centrarse, no sólo en el hecho de la respiración, sino también en el sentimiento interior, sentimiento de amor, de grandeza, sentimiento del YO y de Dios, manteniendo este sentimiento. Al mantenerlo, todo se va acallando, quedándose uno en silencio.

Conciencia de nuestra presencia ante lo Real y lo Absoluto

  Hay, principalmente, dos caminos más que producen el silencio de un modo instantáneo: uno consiste en que por un momento soy capaz de ser consciente ante la Realidad, ante lo único que es Real. Se puede meditar en lo que quiere decir Realidad, bien sea que trabaje de cara al YO espiritual, al YO central, o que lo haga de cara a Dios; el hecho es saber qué es la Realidad. Realidad significa, como decíamos en otro capítulo, fuente de grandeza, bienestar, inteligencia, felicidad, poder. Por lo tanto, nos situamos por un momento ante algo que es maravilloso, absolutamente real y fantástico. Si YO fuera consciente de esto, se produciría en mí un silencio inmediato. Observemos que, cuando contemplamos algo que nos gusta, que nos impresiona mucho, nos quedamos en silencio. Y, si esto se produce ante un paisaje, ante algo parcial, cuánto más se ha de producir en el trabajo interior, donde nos hallamos no ante unas obras maravillosas, sino ante la causa de todas las obras maravillosas imaginables. Ser consciente, desde varios ángulos, de este modo absoluto de Ser, de realidad, de espiritualidad, de Ser de Dios, produce un silencio instantáneo en nosotros.

  Es siempre aconsejable que cuando uno intenta cualquier práctica de cara a este desarrollo interior, a este desarrollo espiritual, trate de ver claro los hechos sobre los que quiere trabajar, de tal modo que no vaya, por ejemplo, a realizar el silencio estando pendiente sólo de su silencio. Uno debe darse cuenta de que el silencio es un silencio ante algo, es el silencio ante lo Absoluto, ante la Realidad, y ser consciente de que este Absoluto es algo maravilloso que reúne todas las maravillas existentes, todas las cualidades, todo lo que nos atrae en la vida diaria; todo se concentra allí en un grado total. Es preciso que nos obliguemos a esta toma de conciencia profunda, ya que, una vez conseguida, no sólo nos producirá el silencio en nosotros, sino que además determinará una reactivación de toda nuestra capacidad de ser conscientes. Es el requisito de lucidez del que hablábamos más arriba: estar todo YO presente.

  El otro camino radica en la simple conciencia de Ser. Darse cuenta de que, aparte de lo que haga, de lo que sienta, aparte de lo que pase o no pase, uno ES. Cuando uno tiene la intuición de Ser aparte de todo, si eso le despierta esta resonancia de Ser, de estar centrado, procurando atender esa resonancia, le aparecerá inmediatamente un silencio.

VI. FENÓMENOS EN EL CAMINO DEL SILENCIO

  A medida que se va ahondando en la práctica del silencio se van produciendo diversos fenómenos. Ya hemos dicho que el silencio es una vía de descubrimiento, lo cual quiere decir que, cuando no estamos en silencio, estamos viviendo de una forma muy limitada, en mayor ignorancia que cuando aprendemos a estar en actitud de silencio. Los fenómenos a que hemos hecho alusión son de varios tipos: Hay unos fenómenos de sensación, de percepción. Son muy frecuentes: la sensación clara de pérdida de conciencia en tanto que cuerpo físico; la sensación de ser una masa informe; de aumento o disminución de tamaño; de estar en otro lugar; de subir o bajar, o estar en una posición cambiada; sensación de hundimiento en un abismo, etc. Pero, todos estos fenómenos no tienen importancia, si no salen del límite normal, y todos, todos, deben irse experimentando. Están ahí, pero nadie se ha de despistar o asustar con ellos, puesto que son algo nuevo únicamente para nuestra pequeña conciencia habitual. Pero tampoco hemos de ilusionarnos, pues no dejan de ser fenómenos totalmente naturales dentro de este proceso. Nosotros vamos en búsqueda de la Realidad que hay detrás de todo esto; por lo tanto, por maravillosos que sean dichos fenómenos, ya que a veces se tienen sensaciones fantásticas, de gran paz, ligereza, felicidad, libertad, amplitud, hemos de tener presente que son elementos que aparecen, y que no son el objetivo; son camino, y, si uno se detiene en el camino, se arriesga a no seguir adelante hacia el fin.

  Hay sensaciones de carácter perceptivo más marcado. Por ejemplo, uno puede ver, con los ojos cerrados, paisajes, colores, figuras geométricas, cosas que giran y dan vueltas, escenas de personas conocidas o desconocidas; se pueden asociar frases, palabras, amenazas, consejos canciones, sonidos; pero, una vez más todo ello no tiene ninguna importancia; está ahí siempre, en nuestro interior. Hay que dejarlas de lado.

  Se pueden percibir también ideas que, a veces, son de gran importancia; se pueden percibir verdades, llegar a descubrir el sentido de la vida, el por qué se hizo esto o lo otro, incluso ver cosas que van a suceder. Insistimos en que nuestro objetivo es la Realidad, no los efectos. Debemos hallar el sujeto de todo esto.

VII. FASES EN EL CAMINO DEL SILENCIO

  El trabajo para llegar al silencio pasa por muchas fases. Uno descubre que hay un silencio que es exterior y otro interior, que tienen un sabor distinto.

  El silencio exterior aparece cuando uno se aísla de fuera y pierde contacto, control, noticia de lo que está sucediendo a su alrededor. Existe también el silencio interior, que se da a diversos niveles: hay un silencio del cuerpo, un silencio del corazón y un silencio de la mente. El del cuerpo se produce cuando, funcionando correctamente, uno se desconecta de él y el cuerpo deja de estar presente. Las funciones fisiológicas (respiración, etcétera) siguen en marcha, pero desaparece la conciencia, incluso subconscientemente, de ellas. Es el silencio total de cuerpo.

  El silencio de la afectividad se produce en la zona del pecho y pasa por muchas fases –no podemos ahora describirlas todas-. Primero se traduce en paz, luego en profundidad, en intensidad profunda, en extensión.

  El silencio de la mente en el que solemos fijarnos como objetivo cuando hablamos generalmente del silencio, requiere que lo alcancemos realmente. Eso es importante. Si se logra, empieza el descubrimiento de nuevas dimensiones (es en este tipo de silencio donde más dimensiones se descubren). Uno se da cuenta de que es como si entrara en un mundo completamente nuevo, donde uno puede ir hacia arriba, hacia abajo, viendo innumerables matices, como si hubiera numerosas galerías, habitaciones. Hay que irse acostumbrando a pasar por todo ello con tranquilidad pero manteniendo siempre el silencio, buscando siempre conscientemente la Realidad que hay detrás de esto, la Realidad última.

    Hay un silencio que se produce por encima de la cabeza, silencio que uno no tiene, sino que, podríamos decir, le viene a uno, que le cae, que le envuelve, que le penetra, que le convierte. Mas, todo esto no dejan de ser fases; uno ha de seguir el camino.

VIII. EL SILENCIO A TRAVÉS DE LA MÚSICA

  Cuando se utiliza la música como técnica específica, en aquel silencio que se realiza después de la misma, se trata simplemente de que uno aprenda a Ser, a darse cuenta de que Es aparte de lo que es, aparte de lo que era, de lo que hacía, de lo que tenía, aparte de todo.

  Todo ejercicio que se hace es para despertar más y más la conciencia de Ser. Toda la calidad y contenido que uno está expresando es un aspecto de Ser. La actividad me ha de servir como despertador de este grado de conciencia de Ser. Soy todo aquello que estoy expresando constantemente, aquí en la música, pero no he de confundir mi Ser con el hecho de expresar. Después he de saber vivir el hecho simple de Ser, sin expresar, aparte de la expresión.

  Lo más importante en el ejercicio de expresión es aprender a ser conscientes, a soltarse, de modo que lo que se vaya expresando salgo de lo más profundo, pero manteniendo esa intuición de Ser; si se diluye, hay que intentar de nuevo tenerla. Y, cuando se acaba la sesión de música, lo fundamental es mantener esta intuición de Ser y quedarse con esa intuición bien despiertos, viendo cómo, a través de esa pequeña intuición, se abre una puerta hacia eso que intuimos del Ser central, de la fuente de todo. Para ello puede ayudar, como hemos explicado en este capítulo, el estar atentos a la respiración, quedando luego en silencio con la conciencia de Ser. También puede ser de ayuda el evocar con claridad la cualidad de que se ha ido trabajando durante la sesión de música. Del mismo modo puede ayudar el hacer oración a Dios –para algunos puede ser un camino más fácil- tomando al mismo tiempo conciencia de la presencia de Dios y de la presencia de uno mismo, del Ser de Dios y de mi propio Ser, quedando luego en silencio ante esta intuición de Ser.  Lo que no debe hacerse durante estos minutos de silencio es divagar, soñar, dormir. La postura ha de ser perfectamente erguida, con el tronco y la cabeza verticales; de lo contrario, no puede hacerse un silencio profundo. Cuando lo hayan aprendido, podrán realizarlo de cualquier manera. Pero para aprender a equilibrar y a estabilizar la personalidad han de estar el tronco y la cabeza en línea recta, para lo que se necesita estar bien sentado. Para que se produzca una respiración automática, las rodillas no pueden estar por encima de los huesos de la pelvis, de los ilíacos. En este grado se aprendizaje, la postura es fundamental. Si ven que se duermen, respiren de un modo más profundo y hagan la espiración de un modo más rápido y céntrense en el entrecejo imaginando cómo la energía entra y sale. Sólo el hecho de estimular la entrada alargando la inspiración y acelerando suavemente la expulsión, mientras que se sigue mirando mentalmente, no con los ojos, sino internamente, despeja. Si el sueño ya tuviera ganada la partida, no hay problema: abran los ojos, miren, muévanse, sigan haciendo respiración, y, si no llegan a tiempo para despejarse, porque el sueño ha ganado la partida, duerman a gusto. No pasa nada. Lo más importante es haber mantenido la tranquilidad, al mismo tiempo que se ha canalizado un esfuerzo para llegar a conseguirlo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí