Descubrir mi mundo interior

La Práctica de la Meditación con Mandalas

La meditación, una técnica de contemplación e introspección, puede hacerse con la ayuda de mantras, visualizaciones o ejercicios de respiración. Un mandala está compuesto por distintas formas y colores que tienen diferentes energías y significados. Al ser observados durante la meditación, penetran en el interior del hombre y facilitan la concentración y el reconocimiento de la propia esencia y de lo real.

La palabra “mandala” , de origen hindú, significa “ círculo” en sánscrito.

Según la religión budista, un mandala contiene la esencia del universo dentro de su geometría sagrada y sus colores. En la práctica tibetana, los monjes deben realizar estudios muy profundos de creatividad y filosofía antes de poder crear un mandala. La obra es realizada por cuatro monjes de forma conjunta. Para su elaboración, se utiliza arena de colores y en sus formas se encuentran representadas las enseñanzas de Buda. Una vez terminados, los mandalas son destruidos para enfatizar el valor de impermanencia de las todas las cosas, una de las enseñanzas más importantes del budismo.

En occidente, Carl G. Jung comenzó a utilizar los mandalas en psicología para interpretar sueños. Jung consideraba que representaban la totalidad de la mente humana, consciente e inconsciente .

Los mandalas tienen forma circular. Simbolizan la forma perfecta, la totalidad , la unión, la eternidad y la perfección del Universo. Los mandalas se completan con otras figuras geométricas (círculos, triángulos, rectángulos y cuadrados) en distintos niveles visuales a partir del centro.

Tienen como características comunes un punto en el centro y los cuatro puntos cardinales dispuestos simétricamente. El punto central simboliza una semilla o gota que da origen a la vida, donde todas las energías son atraidas por él.

Cada color transmite sentimientos, valores y ondas diferentes. La figuras también. Por eso los distintos mandalas desencadenan sensaciones y observaciones únicas.

OBSERVACIÓN DE UN MANDALA

Una de las técnicas de meditación con mandalas es la simple observación. La atención debe focalizarse en el centro, pero pudiendo captar el todo al mismo tiempo (la vista suele estar un poco fuera de foco). Los colores pueden hacerse más intensos y percibirse movimiento en el dibujo. Esta técnica facilita la concentración, abre las puertas del inconsciente y permite alcanzar nuevos estados de conciencia e incluso recordar hechos olvidados.

Otra forma de meditar es con la elaboración desde cero, pintando la estructura de un mandala. Es un proceso creativo y meditativo que debe hacerse con libertad e intuición, sin racionalizar, ni planear la elección de colores o figuras. Esta actividad facilita la conexión absoluta con el presente y la esencia interior.

Puede provocar sueño por la relajación que produce. En todo caso, un mandala no debe pintarse en etapas ya que expresa el estado anímico del presente. Se recomienda pintarlo en el sentido de las agujas del reloj de acuerdo al movimiento energético.

LA FUERZA DEL MANDALA PROPIO

Todos los mandalas son poderosos y benéficos para la meditación, pero el más fuerte es el que se hace de forma intuitiva en un proceso meditativo activo.

La creación libre de juicio permite acceder a niveles profundos de la conciencia que se expresan a través de la elección de formas y colores.

El flujo creativo contribuye en la conexión entre la mente y el espíritu. El trabajo minucioso que conlleva desarrolla la paciencia y la constancia, y despierta los sentidos y la intuición más profunda.

Pintar de afuera hacia adentro simboliza el viaje del conocimiento hacia el interior. Hacerlo en sentido contrario representa la expansión de la conciencia.

La lectura posterior de la creación debe hacerse con plena subjetividad, sin utilizar la lógica y la razón, descubriendo las formas o colores que atraigan la atención y analizando sus significados. A través de la creación de mandalas y su análisis, se alcanza la aceptación y el auto-conocimiento.