Descubrir mi mundo interior

Liberando el dolor acumulado en él

 

El siguiente texto pertenece al autor Thich Nhat Than, del libro Sintiendo La Paz:

Muchas personas sufrieron abusos o fueron golpeadas por sus padres, y muchas más fueron gravemente criticadas o rechazadas por ellos. Ahora, en el almacén de su conciencia, esas personas tienen tantas simientes de infelicidad, que no quieren ni oír el nombre de su padre o su madre.
Cuando me encuentro con alguien así, le ofrezco siempre la meditación del niño de cinco años, que actúa como un masaje consciente: «Cuando inspiro, me veo como un niño de cinco años. Cuando espiro, sonrío al niño de cinco años que hay en mí».

Durante la meditación, intentas verte a ti mismo como un niño de cinco años.

Si eres capaz de observar profundamente a ese niño, descubrirás que eres vulnerable y que pueden herirte fácilmente. Una mirada adusta o un grito pueden crear formaciones internas en el almacén de tu conciencia.

Cuando tus padres se pelean gritándose el uno al otro, el niño de cinco años que hay en ti recibe muchas simientes de sufrimiento. He oído a jóvenes decir: «El regalo más valioso que mis padrespueden hacerme es su propia felicidad». Al vivir sin ser feliz tu padre te hizo sufrir mucho. Ahora te estás visualizando como un niño de cinco años. Cuando sonríes a ese niño que hay en tu interior, le sonríes compasivamente: «Era muy joven y vulnerable y he recibido mucho dolor». 

Al día siguiente te aconsejaría que practiques diciendo: «Cuando inspiro, veo a mi padre como un niño de cinco años. Cuando espiro, sonrío compasivamente a ese niño». 

No estamos acostumbrados a ver a nuestro padre como un niño de cinco años. En nuestra mente siempre le vemos como un adulto severo y con gran autoridad. No hemos dedicado ni un momento de nuestro tiempo a imaginárnoslo como un tierno niño que puede ser fácilmente herido por otros. De modo que la práctica consiste en visualizar a tu padre como un niño de cinco años, frágil, vulnerable, fácil de herir. Si te sirve de ayuda puedes mirar el álbum familiar y estudiar la imagen de tu padre cuando era niño.

Cuando seas capaz de visualizarlo vulnerable, comprenderás que quizá fue víctima de su propio padre.
Sí recibió tantas simientes de sufrimiento procedentes de su padre, es comprensible que no sepa cómo tratar bien a su hijo. O sea, que te ha hecho sufrir, y el círculo continúa. Si no prestas atención harás lo mismo a tus hijos. En el instante que veas a tu padre como un niño herido, tu corazón se llenará de compasión. Al sonreírle compasivamente, empezarás a aceptar tu dolor con tu plena consciencia y tu visión interior.

Si practicas de ese modo durante varias horas o días, tu enojo hacia él se disipará. Y un día abrazarás realmente a tu padre sonriéndole y dirás:

«Te comprendo, papá, debiste sufrir mucho durante tu niñez».

Durante siglos las divisiones entre la gente, las naciones y las creencias religiosas han contribuido mucho a hacernos sufrir. 

Debemos practicar para conseguir liberar esas tensiones tanto en nosotros mismos como en los demás, para poder abrirnos y disfrutar unos de otros como hermanos y hermanas.

Thich Nhat Than